Mostrando entradas con la etiqueta Clínicas de reproducción asistida. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Clínicas de reproducción asistida. Mostrar todas las entradas

viernes, 21 de julio de 2023

La vuelta a reproducción asistida


Mi recuerdo oficial de la reproducción asistida siempre ha sido espantoso: una sucesión de pruebas carniceras, desencuentros con el espéculo, tratamientos frustrantes, miles y miles de euros malgastados, sangre, abortos. Mi corazón roto en mil pedazos. En comparación, la adopción se me antojaba un paraíso: alineada con mis valores, sin necesidad de poner el cuerpo, tan solo exigía paciencia (¿pero acaso la reproducción asistida no lo hace?) al módico precio de cero euros.

Por eso me resistí, durante tanto tiempo, a enfrentarme a otro tratamiento. ¿Anhelaba volver a ver un positivo, asistir a la transformación de mi cuerpo, notar los movimientos de un bebé en mi interior, dar a luz de nuevo? Sin duda. ¿Estaba dispuesta a sacrificar otra vez todo lo que había sacrificado para tener a mi hija? Ni en un millón de años: reeditar el ensañamiento físico, la tortura psicológica y la ruina económica no era una opción. Mi opción era adoptar, con o sin pareja. Adoptar: eso quería, ese era mi siguiente paso, mi destino, el camino adecuado.

Hasta que comprendí que era imposible.

Así que, tras pasar unos meses elaborando el duelo, empecé a imaginarlo. Empecé a imaginarme a mí misma atravesando la puerta de una consulta, apenas cubierta de cintura para abajo por una sabanita desechable, abierta de piernas sobre un potro ginecológico. Conjuré la memoria de mi cuerpo y le obligué a enfrentarse, siquiera mentalmente, a ecógrafos, espéculos, sondas. Inyecciones, hormonas, anticoagulantes. Vía oral y vía vaginal. Extracciones, pruebas, resultados. Hematomas, sangre. Negativos. Abortos. Dolor físico y dolor psicológico. Todo lo que para mí significaba la reproducción asistida.

Y sentí que no iba a ser capaz.

En medio de aquel naufragio de recuerdos, sin embargo, una mano invisible aferró la mía y me obligó a a avanzar. Sin decir nada, sin tratar de cuestionar lo inapelable, me acompañó a lo largo de los meses, de las dudas y los miedos, de la absoluta certeza de estar enajenada, hasta aquella mañana de diciembre, lluviosa y dulce, en que pisé la nueva clínica por primera vez.

A partir de ahí, todo fue muy diferente a lo que recordaba.

domingo, 2 de julio de 2023

Y llegó el día de recorrer esa calle

Hace unos días visité la nueva clínica por última vez. Hubo besos, abrazos, felicitaciones, sonrisas, agradecimientos, más besos y abrazos, despedidas. Cuando atravesé la puerta, recordé aquel otro día en que también atravesé la puerta de una clínica por última vez, hace seis años. Entonces, caminaba sin mirar atrás, escapando sigilosamente de un cúmulo de experiencias dolorosas que desearía no haber vivido, ansiosa por lanzarme en brazos del destino que creía merecer. Esta vez, sin embargo, no tuve prisa por marcharme. 

De diciembre...

... a junio.

Recorrí la calle, arriba y abajo. Hice fotos. Cambié de acera. Miré atrás, miré atrás muchísimo. No solo en el espacio, sino también en el tiempo. En aquellos pocos metros, entre aquellos dos edificios, se condensaban muchos años de mi vida, grandes esperanzas y grandes fracasos, un dolor profundo y la más profunda de las alegrías. Ese paso de cebra que se cruza en apenas tres o cuatro zancadas simbolizaba para mí una buena cantidad de decisiones difíciles, arriesgadas. Un duelo detrás de otro. El miedo más terrible, la rabia, una incertidumbre radical. La sensación de que no podría, de que no lo conseguiría, de que no sería capaz. Todas las manos que me han acompañado en este camino y, también, la más inmensa soledad. 

Me di la vuelta muchas veces. El peso que se forma en mi vientre me anclaba al peso de todas aquellas experiencias. Ni una de ellas en vano. Ni el más mínimo movimiento prescindible. Cada lágrima, cada crisis de pánico, cada pesadilla, cada duda. Todas pertinentes, armonizadas. Todas, como un camino de baldosas amarillas, para conducirme hasta allí. Hasta ese momento. Hasta ese lugar.

Me invadió entonces una sensación increíble de comprenderlo todo. Tantas veces a lo largo de tantos años me había preguntado por qué. Por qué así, por qué a mí. Tanta frustración, tanta rabia, tantas ganas de emprenderla a puñetazos con esa sombra llamada destino. Y, de pronto, lo entendía. Ya no había sombra, solo luz. La hermosa luz de un junio donde mi vida recobraba su sentido. Esto era. Esto había sido todo este tiempo. Sí 

Sonreí, doblé la esquina y, lentamente, me marché. Nos marchamos, paladeando por el camino la dulzura inesperada de haber recorrido esa calle.

Pero volvamos atrás en el tiempo, otra vez...

lunes, 27 de febrero de 2023

Si esto no es obra del destino

Uno de los pocos criterios que NO he tenido en cuenta a la hora de volver a elegir clínica de reproducción asistida ha sido la ubicación. Sé que todas me van a quedar muy lejos, así que nunca le he dado importancia: ni ahora, ni las dos veces que tuve que buscar clínica con anterioridad.

Por eso, para cuando me enteré de dónde se encontraba la nueva, ya me había decidido por ellos e incluso habíamos tenido la primera consulta telemática. De hecho, me pareció divertido a la par que imprudente no haber mirado siquiera dónde estaba: mientras navegaba por la página web buscando su dirección física para la primera consulta presencial, no pude evitar que se me escapara alguna que otra risita nerviosa. ¿Y si estaba en un lugar más recóndito que el resto? ¿Y si, después de tanta comparativa, la había cagado por no haberlo tenido en cuenta?

Nunca olvidaré el torbellino de emociones que se desató cuando por fin lo supe.

Calle Manuel de Falla, leí al pie de la página.

Manuel de Falla.

¿De qué me sonaba a mí ese nombre?

Manuel de Falla.

¿Por qué me sonaba tanto?

Y, de pronto, me acordé. 

NO. PODÍA. SER.

Apenas fui capaz de controlar el temblor de mis dedos mientras metía el nombre en el navegador. ¿Cuántas calles podían llamarse igual en una ciudad como Madrid? Me lo preguntaba para darme ánimos. A lo mejor había cinco calles iguales, me decía, aunque sabía que eso era imposible. A lo mejor era una calle larga, larguísima, que no tenía nada que ver con la que recordaba. Madre mía, por favor. Que no tuviera nada que ver.

Pero me equivocaba.

lunes, 23 de enero de 2023

Elegir clínica de reproducción asistida (otra vez)

Todo empezó como un juego. En verano, mientras fantaseaba con la idea de volver a ser madre, pero sabía que no era más que una posibilidad sujeta al devenir de mi enfermedad, al éxito o al fracaso de mi incorporación al trabajo después de la baja. Nada más tonto que las horas muertas de un calor sofocante, artículos y enlaces que seguía sin rumbo fijo y, al final, un formulario de contacto.

Recuerdo el primero que rellené. Lo hice entre risitas, como una adolescente que acaba de descubrir un juego adulto, aferrada a la idea salvadora de que aquello no me comprometía a nada. Nombre y apellidos, jijiji, correo electrónico, jajaja. La clínica me gustaba, ofrecía servicios en los que nunca había pensado, pero que de pronto encontré completamente necesarios, y parecía puntera en investigación.

El presupuesto que vino de vuelta estaba acorde a aquel derroche de medios. ¿Tanto? ¿Tanto por una simple ADE? Revisé una y otra vez la lista de aquellos servicios que ahora me parecían evidentemente superfluos. ¿De dónde se sacaban tantos miles de euros? ¿Por un solo intento? Comparar mi cuenta del banco con aquella factura arrojaba una conclusión bien clara: no me lo podía permitir.

El juego se transformó entonces en un estudio de mercado. Busqué todas las clínicas de Madrid. Hice una lista de las que hacían ADE y pregunté en aquellas en las que no lo explicitaban. Descarté las más baratas por inútiles en un caso como el mío y también las más caras por inalcanzables. Y al final, me quedé con tres.

sábado, 19 de enero de 2019

Escalofríos


Hace unos días me llamaron de la clínica. Querían recabar los datos perinatales del embarazo: si había llegado al parto, cómo había nacido mi hija, si habíamos tenido algún problema de salud, etc. Me lo preguntaron todo de manera muy amable y prudente, pero fue precisamente ese exceso de tacto lo que hizo que me recorriera un escalofrío por la espalda.

Cada vez que me tocaba enfrentarme a un nuevo negativo o a un aborto (y fueron nueve veces en total), siempre imaginaba que mi vida se escindía y que, en un universo paralelo, todo salía bien y mi hijo nacía. En algún lugar, imaginaba, esa persona que no era yo disfrutaba de mi sueño hecho realidad.

El otro día, mientras hablaba por teléfono, me di cuenta de que por fin soy esa persona. Y un escalofrío volvió a sacudir mi cuerpo cuando pensé que, en otra vida, una yo que no soy yo recibió un nuevo negativo, sufrió otro aborto. Y tuvo que seguir adelante en un mundo donde mi hija no existe.

El velo que separa ambas realidades es tan fino... Un solo error, un simple acierto, puede llevarte a caer de uno u otro lado. Apenas un detalle que, sin embargo, da origen a todo un universo, porque esa pequeña diferencia es la vida de nuestros hijos. Unos hijos que, durante muchísimo tiempo, solo pudieron poblar nuestra imaginación, hasta que el pequeño gran milagro al que le debemos su vida permitió que por fin se encarnaran.

miércoles, 2 de agosto de 2017

La tercera ecografía. Alta en reproducción asistida

Al final, resultó que el protocolo de nuestra clínica incluía tres ecografías gestacionales. No fue algo que nos comentaran explícitamente, solo nos iban citando de semana en semana. Yo creía que, en cuanto escucháramos claramente el latido (algo que ocurrió en la segunda ecografía), nos darían el alta; pero no fue así. En cualquier caso, a mí me pareció estupendo, porque de esta manera hemos podido ver a nuestro pequeño un montón de veces y vigilar su desarrollo en las semanas más delicadas: de la seis a la ocho.

A esta tercera ecografía fuimos bastante tranquilas. Creo que siempre vamos a sentir miedo en el último momento, porque somos muy conscientes de que pueden darnos una mala noticia. Pero la experiencia de la última vez nos dio ánimos para enfrentarnos a las siguientes con un poquito más de confianza.

En esta ocasión, además, todo fueron buenas noticias. Tanto el saco como el propio embrión habían crecido bastante, mientras que el segundo saquito se había quedado prácticamente estancado. La doctora se detuvo a enseñarnos un sinfín de detalles: la bolsa de líquido amniótico rodeando al embrión, el cordón umbilical, la vesícula vitelina en retroceso ante la actividad de la placenta... Fue increíble ver todo aquello en la pantalla, la verdad es que el ecógrafo tenía una resolución bastante buena.

Lo mejor, por supuesto, fue ver a nuestro pequeño. ¡Estaba tan grande, tan definido...! Confieso que ni entonces ni ahora doy crédito a la idea de estar albergando un ser en mi interior. ¡Se me hace tan extraño...! Para mí, es como si viviera en la pantalla del ecógrafo, como una especie de tamagochi al que alimentan y cuidan en la clínica, y al que nosotras, de vez en cuando, vamos a visitar.


De nuevo, escuchamos el latido de su corazón, más contundente si cabe que en la ecografía anterior. Por si todo esto fuera poco, la doctora tuvo el detalle de regalarnos otro momento mágico: me dio unos golpecitos en la tripa (yo flipé bastante, porque no sabía qué estaba haciendo)... ¡y el pequeño empezó a moverse! Alma y yo nos quedamos con la boca abierta, porque no sabíamos que los embriones podían moverse tan pronto (aunque después leímos que eran espasmos nerviosos, no movimientos voluntarios). En cualquier caso, ¡fue precioso! Hasta la enfermera dejó lo que estaba haciendo para asomarse a la pantalla y disfrutar del espectáculo.

Después de la exploración, nos entregaron varios informes: el del propio tratamiento, uno con información sobre los donantes (grupo sanguíneo, color de pelo y piel, altura, raza y constitución de ambos; y la edad de la mujer) y el informe de esta última ecografía. También nos dieron una hoja para rellenar una estadística con el resultado final del embarazo. Entonces llegó el momento de la despedida: hubo besos y abrazos emocionados, reiteración de enhorabuenas y la petición de que fuéramos a visitarles con nuestro pequeño cuando hubiera nacido. 

Al salir de la clínica, nosotras también nos abrazamos. Ahora sí que habíamos alcanzado un hito con mayúsculas, ahora sí que estábamos estrenando una experiencia completamente nueva. Según nos fuimos alejando, empezamos a tomar conciencia de que, tal vez, nunca más tendríamos que recorrer el camino inverso. De que, en el mejor de los mundos posibles, se habían acabado las clínicas de reproducción asistida. 

Han pasado tres años, siete meses y dieciséis días desde que pisamos por primera vez una clínica de reproducción asistida hasta que hemos logrado salir de otra de ellas con el alta médica bajo el brazo.

jueves, 13 de abril de 2017

Consulta en psicología

Resultado de imagen de cerebro y corazón

Nuestro último tratamiento fue psicológicamente devastador para mí. No solo por su resultado, que también, sino por la montaña rusa de emociones a la que me vi expuesta antes incluso de empezar la betaespera.

Evidentemente, todos los tratamientos son intensos desde el punto de vista emocional, pero he de confesar que el vértigo de este último me pilló por sorpresa. Entiendo que, en el fondo, una parte de mí estaba "demasiado" tranquila: era un tratamiento muy sencillo desde el punto de vista físico y estaba convencida de que iba a funcionar. No había contemplado ni remotamente el aterrador despertar de la bestia en mi interior.

Pero despertó. Y fue un suplicio. Había días en que me sentía hundida, días en que solo quería salir corriendo, días (y noches, muchas noches) en que el viento de mi desgracia arrasaba con todo. Y me culpaba por ello. Y me decía cosas horribles por no poder permanecer positiva y en calma. Y lo único que lograba es que la bestia se hiciera más y más poderosa. 

Apenas me soportaba a mí misma, así que mucho menos soportaba las insistentes preguntas de Alma: "¿Qué te pasa? ¿Qué te pasa?". "¡Qué me va a pasar!", pensaba. "Que mi vida es una puta basura, que no soporto el yugo de las hormonas, que no quiero pasar miedo, que no quiero ser desgraciada, que estoy hasta las mismísimas de este abuso existencial". Y así, un día tras otro. No fue bueno para mí y tampoco lo fue para nuestra relación.

La parte positiva es que de cualquier experiencia se puede obtener una enseñanza, y yo he aprendido que no quiero repetir el mismo error. Mi estabilidad emocional ya no es lo que era después de tres años de peregrinaje en reproducción asistida, y no quiero que esto repercuta, además, en mi relación con Alma. Por eso, desde el primer momento, he tenido claro que el próximo tratamiento lo haré con apoyo psicológico.

Así que, aprovechando que ya nos tocaba pedir cita con la ginecóloga de la clínica, pregunté por el servicio de atención psicológica. En nuestra clínica, este servicio es gratuito, uno de los detalles que nos hizo decantarnos por ella. Me explicaron que la psicóloga se pondría en contacto conmigo, y la verdad es que no tardó en hacerlo. También pude conseguir una cita muy rápido, y tengo que decir que la experiencia fue estupenda.

martes, 5 de julio de 2016

El regreso de las agujas


Volvieron a llamarnos de la clínica, casi veinte días después de la primera llamada. Pero no fue con las noticias que esperábamos. Nos dijeron que había habido un "malentendido", que no era la doctora quien se tenía que poner en contacto con nosotras, que éramos nosotras las que teníamos que acudir a una cita con la doctora para llevarle los resultados de los análisis que nos había pedido la primera vez. Y que debíamos hacerlo cuanto antes, porque solamente nos reservaban los embriones durante tres meses. 

La situación me llenó de una frustración que no hizo sino aumentar cuando me enteré de que, al contrario de lo que nos había asegurado la doctora en aquella primera cita, no hacía falta esperar a que nos llamaran para hacerme los análisis, puesto que, al no utilizar mis óvulos, no incluyen ninguna hormona ligada al ciclo menstrual. ¡Ni siquiera tengo que dejar la píldora para hacérmelos! Así que ya los podía haber tenido listos para cuando nos llamaron la primera vez, o incluso, ¡quién sabe!, ya podíamos haber tenido esa cita de revisión de pruebas.

Quienes conocemos cómo se administra el tiempo en reproducción asistida sabemos que este tipo de "malentendidos" pueden multiplicar un mes de tratamiento por dos, tres, cuatro, cinco o sabe-dios-cuántos. No es que a estas alturas un mes arriba o abajo me vaya a poner nerviosa (ni dos, ni tres, ni cuatro...), pero me da rabia haberme pasado casi un mes mirando de reojo el móvil para que ahora me metan prisa, cuando ya podíamos tener nuestras pruebas listas y las fechas del tratamiento claras.

Lo cierto es que en las dos clínicas he tenido la misma sensación de caos y he sufrido retrasos semejantes en lo que se refiere a pruebas de diagnóstico, así que, una vez superadas las ganas-de-matar iniciales, he decidido ser proactiva, tomarme las cosas con calma y organizarme bien las citas y los análisis.

Preparada para enfrentarme, nueve meses después (!), al regreso de las agujas.

miércoles, 15 de junio de 2016

¡Nos han llamado!


Suelo encender el móvil por la tarde. Es una "manía" que arrastro de cuando no existía el whatsapp y yo tenía que dar ejemplo para que mis alumnos lo tuvieran apagado en clase (algo que sigue ocurriendo ahora, evidentemente).

Así que el jueves no fue distinto. Nada más encenderlo, sin embargo, me llegó un mensaje para informarme de que tenía una llamada perdida. Intuí que podía ser de la nueva clínica y, para comprobarlo, busqué el número en Internet. El caso es que me salió en varias páginas de esas que publican los números que te llaman insistentemente (!?), y deduje que me había equivocado. Nada de clínica por el momento.

En la cena, sin embargo, Alma me corrigió sin despeinarse:

– Nos han llamado de la clínica.

Y me enseñó el número de su llamada perdida. Y era el mismo que el que yo tenía.

– ¿Y cómo sabes que es de la clínica?
– Porque le he dado a rellamar, y me ha salido. Mira.

Efectivamente, era la clínica.

– ¿¿Y has esperado hasta ahora para decírmelo??

A veces, nuestras reacciones son muy distintas. Ella tiende a protegerse tras una pantalla de calma y serenidad, y yo... yo, simplemente, no me protejo. Yo me vuelvo loca con todo: loca de alegría o loca de tristeza.

Y el jueves tocó de alegría :)

Al día siguiente tampoco encendí el móvil hasta por la tarde, y de nuevo me llegó un mensaje con el teléfono de la llamada perdida. Así que tocaba devolver la llamada y, esta vez, me tocaba hacerlo a mí.

No fue nada fácil. Me pasé casi tres cuartos de hora agonizando de miedo, paralizada por las voces de mi cabeza, que me envenenaban con ideas terribles sobre el nuevo fracaso que se nos venía encima. Al final, sin embargo, conseguí acumular la valentía suficiente para llamar.

Tal y como esperábamos, nos habían llamado porque éramos las siguientes en la lista de espera de recepción de embriones, y querían saber si seguíamos interesadas. Me faltó el tiempo para decirles que sí, y me confirmaron que, a partir del lunes, recibiría la llamada de nuestra nueva doctora para explicarnos el protocolo que seguiríamos. 

El caso es que "a partir del lunes" a mí me sonó a "el lunes". Pero el lunes no llamaron. Ni el martes, ni el miércoles, ni el jueves. Así que el viernes volvimos a llamar. Una chica muy amable (hasta el momento siempre han sido muy amables en esta nueva clínica, cosa que agradezco) me explicó que el aviso a la doctora ya estaba activado desde la semana anterior, que no había ningún problema, que el plazo de reserva de los embriones permanecía inalterado y que, efectivamente, "en breve" nos llamarían.

Reconozco que me había pasado toda la semana pegada al móvil y con muchísimos nervios, pero después de esta segunda llamada me quedé más tranquila. Esperar es un rollo y más sabiendo que no empezaremos el tratamiento inmediatamente, pues, como nos explicaron en nuestra primera visita, primero tendré que dejar la píldora un mes y hacerme nuevos análisis por si tengo que volver a seguir el protocolo contra los abortos de repetición, que será lo más seguro.

Esperar es un rollo, pero ya queda menos.
Esperar es un rollo, pero... ¡merecerá la pena!

lunes, 8 de febrero de 2016

La (nueva) primera visita a la (nueva) clínica


Después de una búsqueda breve pero informada, nos decidimos a visitar una nueva clínica. Habíamos hecho una pequeña lista según nuestras preferencias, pero lo que nos encontramos en la primera de ellas fue suficiente para convencernos: debemos de ser chicas fáciles, pues lo mismo nos ocurrió la primera vez ;)

A lo largo de todo este tiempo, nuestros criterios para elegir clínica han cambiado. Junto a la importancia de una primera visita gratuita (está claro que las clínicas que no la hacen nos tienen perdidas como clientes), hemos añadido la cercanía a casa. Y aunque todas las clínicas nos pillan lejos (es lo que tiene vivir en un pueblo), en esta ahorramos algo de tiempo: justo lo que ganamos en comodidad y tranquilidad.

Seguimos manteniendo la condición de que en la página web se haga una referencia explícita a las parejas lesbianas, pero ahora también queremos que se visibilice el modelo que hemos elegido para formar nuestra familia: no deja de resultar paradójico cómo muchas clínicas, algunas de muchísimo renombre, apenas publicitan la mitad de los tratamientos que realmente hacen. ¿Cuál puede ser el motivo? Nosotras no queremos premiar con nuestra confianza (¡ni con nuestro dinero!) esta manera de actuar, por mucho prestigio que tengan las clínicas que lo hacen.

Por otro lado, aunque seguimos buscando unos precios razonables (¿a quién le sobra el dinero después de dos años de pruebas y tratamientos?), estamos dispuestas a pagar un poco más por las prestaciones que buscamos. Particularmente, a lo largo de este tiempo he llegado a la conclusión de que resulta casi imprescindible que las clínicas cuenten con una tecnología tipo embryoscope, pues el desarrollo embrionario temprano puede llegar a ser (como lo ha sido en mi caso) muy traicionero. Cuando un embrión tipo A no se implanta o muere, mientras que un embrión tipo D sale adelante, seguramente influyen más factores que la casualidad o el milagro: factores que la ciencia desconoce y que este tipo de tecnología está ayudando a esclarecer.

Además, en esta nueva búsqueda hemos descubierto que muchas clínicas tienen atención psicológica gratuita. Este es un punto que nos parece importantísimo cuando los tratamientos se complican, pues anima a hacer uso de un servicio que contribuye a aliviar los aspectos más dolorosos de los tratamientos. Aunque también es verdad que, una vez metidas en el tsunami de gastos que conlleva la reproducción asistida, el dinero que cuesta una consulta puede considerarse un daño colateral más: en nuestro caso, la razón fundamental de que nunca pidiéramos una cita con la psicóloga de la primera clínica fue que la consulta obligatoria nos pareció un timo en toda regla, por lo que habría sido absurdo gastarse el dinero en hablar con una persona que no nos generaba ninguna confianza.

Finalmente, un detalle con el que soñamos (aunque sabemos que suele ser el punto débil de casi todas las clínicas) es una buena atención al paciente. No tanto por parte de los médicos como del resto de personal que te atiende. Las pacientes de reproducción asistida pasamos por momentos muy difíciles, y no solemos encontrarnos el estoicismo cuando nos hacen comentarios del tipo: "Como lleváis tanto tiempo aquí...". Si en las clínicas supieran cuántos clientes pierden debido a los comentarios desafortunados, seguramente invertirían algo más en cuidar lo que sueltan por sus bocas.

El caso es que esta nueva clínica que hemos visitado ha cumplido con todos nuestros requisitos... y más.

domingo, 10 de enero de 2016

Cambiar de clínica


Tenemos muchas razones para querer cambiar de clínica.

Las primeras son puramente emocionales. Después del segundo negativo de la segunda FIV, nos sentimos incapaces de volver. La última vez que hablé por teléfono con nuestra doctora, nos dijo que nos pasásemos por la consulta para hablar de lo que había pasado. Yo le expliqué que estábamos destrozadas y ella me dijo que lo entendía, que no teníamos que ir mañana, que la semana que viene estaría bien. Han pasado doce semanas desde la semana que viene, y aunque no descartamos esa última consulta, según pasa el tiempo vamos comprendiendo que será muy difícil vernos por allí.

Han sido ocho tratamientos. Ocho tratamientos con las mismas caras y en los mismos lugares. Y con cada uno de ellos hemos sumado una buena porción de emociones negativas. La cantidad total es demasiada. Necesitamos cambiar de escenario, aunque solo sea para descansar la vista y el corazón.

Pero no son esos los únicos motivos. Hay muchos aspectos que me gustan de nuestra doctora porque tengo comprobado que hay muchas cosas que hace muy bien. Por ejemplo, es muy cuidadosa con los procedimientos técnicos y no suele hacerte daño con el ecógrafo, el espéculo o la sonda. De hecho, tras mi segunda punción pude comprobar la enorme diferencia que media entre las manos expertas de nuestra doctora y el elefante en una cacharrería que me agujereó lo más íntimo la primera vez. 

Sin embargo, después de dos años en la misma clínica, los pequeños detalles que al principio nos disgustaban han pasado a resultarnos insoportables.


miércoles, 22 de octubre de 2014

La cigüeña llega a todas partes



Esta entrada está dedicada a Cigüeña Blanca, del blog La cigüeña no viene a Alemania, que hace poco me nominó a un premio, algo que me hizo mucha ilusión. Aprovecho para mandarle todo mi ánimo y positividad, y recordarle que la cigüeña llega a todas partes... ¡Alemania incluida! ¡Claro que sí!

Para recoger el premio, era necesario nombrar once blogs que tuvieran menos de cien seguidores, pero me temo que casi todos los blogs que yo leo ya han sido nominados, así que esta primera parte no la voy a poder cumplir. De todas formas, os invito a pasaros por mi lista de blogs, donde encontraréis algunos que no tratan sobre maternidad pero que también son muy interesantes...

La segunda condición era plantear once nuevas preguntas, algo que creo que tampoco voy a poder cumplir, porque no se me ocurren demasiadas. En relación a la reproducción asistida, estas son las que me gustaría plantear (sentíos libres de contestarlas si queréis):

1. ¿Cuál fue el motor que te ayudó a sobreponerte a los negativos y seguir intentándolo?
2. ¿Llegaste a desconfiar tanto de tu médico como para cambiarte de clínica? 
3. En caso afirmativo, ¿qué fue lo que ocurrió? ¿Estás contenta con tu decisión?
4. ¿Notaste algún síntoma distinto cuando tu betaespera fue positiva?
5. ¿En qué crees que podrían mejorar los protocolos de reproducción asistida?
6. Las personas que te conocen, ¿leen tu blog? ¿Por qué?

Y hasta aquí puedo leer...

En fin, me temo que la única condición del premio que voy a poder cumplir es la de contestar a las once preguntas que planteó Cigüeña. ¡Allá van!

lunes, 19 de mayo de 2014

Elegir clínica de reproducción asistida



Uno de los primeros pasos que debe dar una pareja de mujeres cuando decide embarcarse en la aventura de la maternidad biológica es el de elegir clínica. 

Alma y yo comenzamos nuestra búsqueda en Internet, visitando las páginas web de las clínicas de Madrid. También leímos algún artículo sobre qué criterios utilizar para elegir, aunque apenas le hicimos caso a la hora de tomar la decisión, pues empleamos nuestros propios criterios.

LinkWithin

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...