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lunes, 13 de febrero de 2023

Mi experiencia con los test de ovulación


Utilizar test de ovulación era una experiencia que se me había quedado pendiente de mi primera tanda de tratamientos. Había visto a otras chicas que seguía por Internet publicar entradas sobre su uso y resultados, y me había producido cierta envidia. Sentía que era una de esas experiencias que me estaban vedadas al buscar un embarazo mediante reproducción asistida: algo que superé cuando decidí utilizar test de embarazo sin esperar a la beta, pero que no había logrado todavía con los de ovulación.

Por otra parte, soy consciente de que todos los tratamientos que llevo en el cuerpo los he hecho en la primera mitad de la treintena, pero ahora ya paso de los cuarenta, por lo que me surgía la duda de si podría volver a intentar quedarme embarazada en ciclo natural. Fue algo que pregunté en las consultas informativas que hice durante el proceso de selección de clínica, y en todos los casos me dijeron que, si me venía la regla de manera regular, se podía intentar. De hecho, la doctora que finalmente me atiende me explicó que era preferible hacerlo así que mediante un proceso de estimulación. 

Reconozco, sin embargo, que no las tenía todas conmigo. Efectivamente, la regla me sigue viniendo sin ningún cambio aparente; de hecho, tras el embarazo, me viene más regular y más abundante que nunca en mi vida, así que me siento mucho más fértil (!?) en ese sentido. Pero, ¿significa eso que ovulo? Y, sobre todo, ¿quería esperar a descubrirlo cuando estuviera haciendo el tratamiento, con el chasco consecuente si la respuesta era negativa, o prefería comprobarlo por mí misma en la intimidad de mi cuarto de baño? 

Finalmente, me decidí a hacerme los dichosos test, para sacarme la espinita de envidia que tenía clavada desde mi anterior experiencia, y también para comprobar por mí misma lo que ahora estaba en un entredicho razonable. Así que me tocó hacer otro estudio de mercado para conseguir una buena marca de test, fiables y económicos. Me inclinaba por la misma que ya había utilizado para los test de embarazo, y aunque acabó siendo la elegida, durante algunos días estuve valorando unas cuantas.

(Tengo que confesar que me aburre soberanamente esto de los estudios de mercado. No entiendo cuál es la gracia de comparar un montón de opciones que deberían ser todas iguales de buenas y que, sin embargo, te dan la sensación de ser todas el mismo timo. Cuanto mayor me hago, más sueño con una especie de supermercado soviético donde haya una sola marca de cada cosa, siempre buena y siempre fiable, sin el embrollo capitalista que no aporta absolutamente nada. Pero supongo que este es un tema para otra entrada.)

Lo que más me amargó del proceso, en cualquier caso, fue conseguir un pack en el que solo vinieran test de ovulación. Me traumatizaba vivamente comprar también test de embarazo: en primer lugar, porque no sabía si llegaría a tener siquiera la posibilidad de utilizarlos, pero también porque no quería que se me pasaran de fecha y encontrarme otra vez en la situación de comprobar el buen desarrollo de un embarazo con test caducados

Al final (porque la cosa tampoco es tan complicada, pero yo es que tiendo a hacerme un lío con todo), acabé comprándome un montón de test baratos, fiables y solo de ovulación para, con la primera regla del curso, estrenarlos llena de alegría e ilusión.

domingo, 24 de septiembre de 2017

Se van las náuseas

Imagen relacionada

A medida que avanzamos por el segundo trimestre, se va afianzando un síntoma clásico del embarazo: la desaparición de las náuseas.

Reconozco que no daba un duro por ello. Tengo alguna amiga con SOP que ha sufrido náuseas hasta el tercer trimestre, aun estando permanentemente medicada, y me imaginaba que a mí también me tocaría algo parecido. Pero no: cumpliendo un calendario de libro, según hemos ido dejando atrás la semana doce, también se han ido disipando las náuseas.

Ahora mismo solo me queda una especie de "naúseas nerviosas": cuando me tengo que enfrentar a alguna prueba (ya sea médica o "vital", como dar la noticia de mi embarazo), vuelvo a sufrirlas durante horas. Pero tengo claro que están ligadas a un estado emocional alterado, y no a la alteración hormonal a la que, contra todo pronóstico, mi cuerpo parece haberse acostumbrado.

Y es curioso. Porque, aunque las náuseas son un síntoma de embarazo desagradable, cuando miro hacia atrás y recuerdo la "aventura" que hemos vivido juntas, me invade una fuerte sensación de nostalgia.

sábado, 1 de julio de 2017

Mi opinión sobre los test de embarazo

He dado por terminada la etapa de los test de embarazo :)

Reconozco que, después de conocer la beta, perdí el miedo a sufrir un aborto de un día para otro, así que me relajé bastante con respecto a las rayas de los test y su intensidad. De todas formas, decidí terminar los que me quedaban: así completaba mi escalera de color y me libraba de unos test caducados con los que no me quería volver a pelear. Seguí haciéndome los test cada dos días, y el resultado fue este:


Como se puede observar, la diferencia entre los tres primeros es bastante clara, pero, a partir de ahí, les cuesta más cambiar de intensidad. No sé si la culpa la tiene la fecha de caducidad; en cualquier caso, me parece importante compartir mi experiencia por lo que pudiera aportar a otras chicas que, como yo, se asusten al ver dos test seguidos que sean iguales. A mí me ha quedado claro que esto puede pasar sin que por ello signifique que el embarazo va mal.

Viendo este tipo de fotos, habrá quien piense que quienes las hacemos somos unas exageradas y unas histéricas de los test. Que más nos valdría no hacernos ninguno porque no somos capaces de gestionar la información que nos aportan. Es una idea que anda por ahí y que yo misma compartía al principio de esta aventura. Sin embargo, hace ya tiempo que estoy muy, muy en desacuerdo con ella.

sábado, 24 de junio de 2017

Beta


No, no es la fecha de las próximas olimpiadas.
Ni el momento de revisar los objetivos del milenio.
Ni un mensaje en código Morse.

Es la cifra de mi beta: dos-mil-veinte.

Tengo que precisar que no se trata de una beta hecha el día de la falta. En nuestra clínica, por alguna razón que se me escapa, hacen el análisis dos semanas después de la transferencia embrionaria. Lo mismo les da que sean embriones de tres días que de cinco: ellos cuentan dos semanas y andando. Es una práctica que a mí me resulta muy sospechosa, además de profundamente cruel con las pacientes. No obstante, yo he tenido la suerte de haber recibido dos positivos en los dos tratamientos que he hecho con ellos, así que, al menos, no he tenido que medicarme inútilmente durante más días de los necesarios. Sobre todo en este último tratamiento, que voy hasta las cejas. 

El caso es que esta beta me la hicieron cuatro días después del día de la falta, es decir, estando de 4+5 semanas o 19 dpo. Si el valor se hubiera estado duplicando cada dos días, correspondería, aproximadamente, a una beta de 500 el día de la falta.

Dicho esto... ¡¡MADRE MÍA!!

martes, 20 de junio de 2017

Allá vamos :)


Una semana después de la transferencia, me lie la manta a la cabeza y me hice un test de embarazo. No sé por qué. Había llevado una betaespera muy tranquila (¡la más tranquila de todas!) y sabía que un negativo daría al traste con mi buen ánimo, que empezaría a ponerme muy nerviosa, que se desatarían todos los infiernos.

Para darle más emoción al asunto, la noche de antes, mientras enredaba con los sobres en los que vienen los test, descubrí que estaban caducados. ¡Caducados! Es lo que tiene llevar tanto tiempo buscando el embarazo: se te caducan los medicamentos, se te caduca la paciencia y... ¡se te caducan los test! Después de hacer algunas búsquedas en Internet, comprendí que el problema residía en que los test ya no tendrían suficiente reactivo y podrían dar un falso negativo. Si bien, en mi caso, habían caducado en enero (tampoco es que se hubieran pasado hace años), el riesgo de llevarme un palo, incluso un palo "falso", aumentaba.

Aun así, lo hice. En mi anterior betaespera, había leído que el día 12 dpo (después de la ovulación) los test ultrasensibles ya debían dar positivo. Aquella vez, sin embargo, esperé hasta el día 15 dpo para hacerme el primer test. Pero en esta ocasión, cual Bella Durmiente atraída irrefrenablemente por el huso de la rueca, fui incapaz de resistirme.

Por suerte, dio POSITIVO.

lunes, 29 de agosto de 2016

La luz al final del túnel

Por experiencia sabemos que ver la luz al final del túnel no significa salir del túnel. Que el túnel tiene capacidad de sobra para volver a engullirte y envolverte en sus tinieblas. Que un día puedes estar viendo la luz al final del túnel y al día siguiente despertar sumida en la más terrible oscuridad.

Pero también entendemos que el primer paso para salir del túnel es ver la luz. Ese resplandor que te ciega allá a lo lejos, atrayéndote irremediablemente hacia su calor. Prometiéndote que, esta vez sí, llegarás a pasear bajo su luminosidad infinita. Mostrándote ese bienestar que, tal y como imaginabas, calmará tu piel como un bálsamo.

Hoy hemos vuelto a ver ese destello, tangible como una llama, sonriéndonos desde el fondo de nuestro particular túnel:


Y a él nos hemos aferrado :)

viernes, 30 de octubre de 2015

Fechas queridas


Estoy días transito fechas muy queridas: se cumple el primer aniversario de mi embarazo. Hace un año que disfrutaba del milagro de haberme quedado embarazada, que trataba de hacerme a la idea de que, contra todo pronóstico, me había pasado a mí. Me daba miedo creérmelo por si algo malo pasaba, pero todavía conservaba la inocencia de preguntarme: ¿qué va a pasar?

He estado recordando los últimos días de la betaespera, esos días en los que sentí que, esta vez sí, iba a tener suerte. Los días precedentes habían transcurrido como en cualquier otro intento, con momentos de esperanza y momentos de desesperación. Pero, al acercarse el día de la beta, mi cuerpo empezó a cambiar. En los ciclos anteriores, que fueron negativos, cualquier síntoma de embarazo provocado por la progesterona disminuía al acercarse este día; pero, esta vez, ocurrió todo lo contrario. Mi pelo y mi piel estaban distintos, la hinchazón que sufría debido al SHO no bajaba, los pechos adquirieron una tonalidad rosada que nunca antes había visto.

También he recordado la llamada. Desde el primer momento, el tono de voz de nuestra doctora me hizo saber que pronunciaría la palabra mágica: "Positivo". Mi reacción, sin embargo, fue muy distinta a la que había esperado. No sentí una alegría desbordante ni me puse a llorar. Ni siquiera pensé en el embrión. La emoción que me embargó fue la de un intenso y liberador alivio. Ya estaba. Ya había acabado la pesadilla. No tendría que volver a la clínica para ver cómo seguíamos. No volvería a pasar por pinchazos, operaciones y otros suplicios. Lo habíamos conseguido.

En aquel momento me culpé mucho por aquella reacción. ¿Por qué mi emoción principal no era la alegría por el embarazo? ¿Cómo podía ser más importante el alivio? Con el tiempo, sin embargo, me he perdonado. He comprendido que, en ese instante tan crítico, emergió todo el malestar que había acumulado durante los tratamientos. Eso no significa que no estuviera contenta o que quisiera menos a nuestro embrión. Lo que demuestra es el gran sufrimiento, físico y psicológico, que conlleva la reproducción asistida.

En estos días, tan parecidos a aquellos, recuerdo también mis momentos secretos. Esos momentos casi mágicos en que, de pronto, recordaba que estaba embarazada. Me veo a mí misma caminando por los pasillos del instituto, riendo en silencio cuando nadie me veía, sintiéndome tan afortunada como una recién enamorada que acaba de descubrir que es correspondida. Recién enamorada: así es exactamente como me sentía.

A veces la gente no entiende cómo, después de una pérdida, te pueden quedar ganas de volver a intentarlo. En mi caso, ese embarazo, aunque breve, me llenó de confianza. Si lo había conseguido una vez, podía volver a lograrlo. Si lo había sentido una vez, podía volver a sentirlo. Y, ahora que había comprobado lo maravilloso que era, no pararía hasta conseguirlo.

Ese efecto tan positivo, sin embargo, se va diluyendo con el tiempo. Aquel embarazo me parece hoy un sueño, algo que apenas me rozó y que, por tanto, no puede volver a pasarme. Me he gastado toda la confianza que me regaló en los descalabros posteriores, y vuelvo a pensarlo como algo imposible, algo que no me puede ocurrir a mí.

Mis lágrimas, suaves y calientes, insisten en desdecirme. 
Fue real. Y puede volver a pasar.
 

miércoles, 26 de noviembre de 2014

Buscar la vida, encontrar la muerte



Tenía la ilusión de relatar cronológicamente los acontecimientos de los últimos meses: la preparación de la FIV, la punción y todo lo que la rodeó, la betaespera... para acabar con la mejor de las noticias. Desgraciadamente, ya no puedo hacerlo como planeaba. Así que he decidido empezar por el final.

La FIV tuvo éxito. Logramos nuestro positivo. Y a las ocho semanas, se paró.

En la profunda inocencia que todavía me llenaba hace tan solo unos días, creía que lo peor que te podía pasar en este camino era cosechar una ristra de negativos. La incertidumbre, el miedo, la frustración... me parecían un precio suficientemente alto para lo que quería conseguir.

El dolor que ahora me consume, el vacío que se ha formado en mi interior, me han hecho comprender que dar la vida significa, invariablemente, firmar una sentencia de muerte. Si tienes suerte, tardará décadas en cumplirse, y tú, que la firmaste, no tendrás que enfrentarte con el horror. Es el orden de cosas que hemos considerado natural, porque nos permite seguir caminando por esa cara de la moneda que rebosa de vida, ignorando la verdad que se esconde al otro lado.

Cuando la pérdida se produce antes, delante de tus ojos, en el interior de tu cuerpo, ese horror cuya existencia preferimos ignorar se apodera de ti. Saliste a buscar la vida y te encontraste con la muerte. No era lo que tenía que pasar, pero ha pasado. Y te ha pasado a ti.

Mi camino se ha borrado. Rodeada por un bosque de fantasmas, solo acierto a encogerme, deshacerme por dentro... y llorar.

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