lunes, 28 de julio de 2014

Las pruebas de diagnóstico en reproducción asistida (II)



Junto a las pruebas que valoran el estado general de la salud ginecológica de la pareja, la futura madre gestante debe hacerse otras pruebas que son básicas para evaluar el estado de su fertilidad. Y aunque en un primer momento parecen sencillas, se pueden complicar bastante y dilatar el proceso en el tiempo, como ocurrió en mi caso.

En principio, se trata solamente de dos pruebas: una ecografía y un análisis de sangre. Ambas deben realizarse entre el tercer y quinto día de la regla, que es cuando se puede estudiar la reserva ovárica de la futura madre gestante. Si, por cualquier circunstancia, no se pueden llevar a cabo durante esos días, es necesario esperar a la siguiente regla, algo que a mí me ocurrió dos veces.

Por otro lado (y esta es una información muy valiosa que me habría ahorrado bastante tiempo), la primera prueba que debe realizarse es la ecografía. Esta prueba, además, tiene que llevarla a cabo el médico de la clínica de reproducción asistida, que es el experto en valorar la fertilidad. Dependiendo de lo que encuentre, habrá que realizar un análisis u otro, además de otras pruebas complementarias. En mi caso, este punto no me quedó muy claro, así que, ante la perspectiva de poder realizar todas las pruebas por la Seguridad Social, pedí cita con mi doctora de cabecera y anulé la cita que habíamos pedido en la clínica. ¡Error!

viernes, 11 de julio de 2014

El piano



Una de las cosas que más me enamoró de Alma cuando la conocí fue su amor por la música. Y no me refiero solo al gusto por escucharla, sino también y muy especialmente al placer de ejecutarla: Alma sabe tocar la guitarra, varios instrumentos de percusión (batería, xilófono, djembé...) y, por supuesto, el piano.

Creo que nunca podré olvidar el día en que me invitó a casa de sus padres y tocó unas piezas que había compuesto para mí. Me pareció que no podía existir un ser más hermoso que ella acariciando aquellas teclas, moviéndose suavemente al compás de la música; y que no podía haber un acto de amor más grande que el que ella me regalaba en aquellos instantes.

Cuando nos fuimos a vivir juntas, Alma tuvo que dejar el piano en casa de sus padres. Intentó sustituirlo por un teclado durante un tiempo, pero no era lo mismo: para una persona que aprecia el tacto de los instrumentos, la sutileza de las cuerdas no se puede comparar con un zafio sonido grabado.

Hace poco, sin embargo, me propuso que nos trajésemos el piano. Se había dado cuenta de que realmente lo echaba de menos y de que le haría muy feliz poder tenerlo en casa para tocarlo cuando quisiera. Dicho y hecho: contactamos con una empresa de transporte de pianos y desde hace unos días lo tenemos en casa.

lunes, 7 de julio de 2014

Maruja feliz



Disfruto mucho de estos primeros días de vacaciones, en los que dejo de ser una profesora estresada para convertirme en una maruja entregada

Procuro levantarme pronto. Desayuno delante de una revista, o de la tablet. Si tengo suerte, me toca Pilates; si no, intento hacer algo de ejercicio por mi cuenta. Compro fruta y verdura en el supermercado. Preparo algún plato rico para cenar. Recojo la casa, escribo, leo. Hago la comida y me tumbo en el sofá con un gato a cada lado. Cuando Alma llega de trabajar, la estampa se asemeja a un manual para mujeres de los años 50.

Durante el curso, las tareas de la casa se me hacen muy cuesta arriba. Trabajo muchísimo y, cuando llega el fin de semana, lo último que me apetece es limpiar, planchar o fregar. Pero cuando cambio el boli rojo por el trapo con dedicación exclusiva, parece que todo fluye. ¡Es tan bonito ser solo ama de casa! ¡Sentir que llegas a todo, que la mierda no te acecha en cada esquina...!

No quiero decir con esto que me gustaría dedicarme solo a la casa; pero entre el estrés laboral más absoluto y unas tareas domésticas asequibles aderezadas con un montón de tiempo libre para mis cosas... ¡elijo lo segundo! Lástima que no me sobre el dinero, y sobre todo, lástima que no pueda coger media jornada porque sí.

Mientras esa vida que sueño se materializa, me conformo con poder disfrutar de este paréntesis vacacional como maruja feliz.

viernes, 4 de julio de 2014

Las pruebas de diagnóstico en reproducción asistida (I)



Antes de comenzar un tratamiento de reproducción asistida, las mujeres debemos someternos a unas pruebas de diagnóstico para que en la clínica puedan valorar cuál es el procedimiento que más nos conviene.

Algunas de estas pruebas son comunes para las dos futuras mamás: se trata de un análisis de sangre y de dos cultivos. El primero incluye una serología, que sirve para descartar algunas enfermedades que podrían afectar al embarazo (VIH, hepatitis, varicela, rubeola, toxoplasmosis, etc.). En el caso de los cultivos, se toman muestras de la vagina (con un palillo que lleva un algodoncito en la punta) y del cuello del útero (utilizando nuestro bienamado espéculo, y después, el mismo algodoncito), también con el objetivo de descartar enfermedades (gonorrea, clamidia, hongos, etc.). La madre no gestante debe hacerse estas pruebas para evitar posibles contagios, ya que la mayoría de estas enfermedades son infecciosas.

Otras pruebas solo debe hacérselas la futura madre gestante: una revisión ginecológica completa (que incluya una citología y una exploración de mama) y un análisis para determinar el grupo sanguíneo (necesario para seleccionar un donante compatible y que puede ser incluido en el análisis anterior; si tú ya conoces tu grupo sanguíneo y puedes demostrarlo, como era mi caso, no necesitas comprobarlo de nuevo).

viernes, 20 de junio de 2014

Asumir el proceso de reproducción asistida



Antes de tomar la decisión de ser madre, pasé muchos años leyendo e investigando sobre maternidad lesbiana y reproducción asistida. Seguía varios blogs escritos por mujeres que compartían tanto el proceso de búsqueda como el embarazo y la crianza, leía artículos sobre técnicas de reproducción asistida y sobre la crianza de niños en una familia homoparental, veía películas y documentales sobre el tema, etc.

A veces tenía la sensación de que todo ese trabajo no me estaba preparando para ser madre, y que tendría que tomármelo más en serio cuando me pusiera realmente en camino. Sin embargo, cuando finalmente Alma y yo nos decidimos, me di cuenta de que, poco a poco y de una manera bastante agradable y natural, había ido asumiendo casi todos los aspectos de la maternidad lesbiana. Entendía que las personas que nos querían, nosotras como pareja y como individuos, nuestros propios hijos y, evidentemente, el resto de sociedad, tendrían que asumir la existencia de nuestra familia. Todo lo que yo podía ofrecer a favor de este proceso estaba ya preparado, tanto en mi mente como en mi corazón. Además, había tenido mucho tiempo para tomar unas cuantas decisiones estratégicas y para superar unas cuantas pruebas que la vida me había puesto por el camino.

Lo que no había comprendido hasta entonces era que aún me quedaba una cosa por asumir: el propio proceso de reproducción asistida.

miércoles, 4 de junio de 2014

Nuestro día



Y llegó nuestro día. El día de nuestra boda.

Las dos estábamos de acuerdo en cómo queríamos organizarlo: ir al juzgado acompañadas de nuestros testigos, firmar y comer todos juntos. Ni Alma ni yo teníamos la ilusión de celebrar una boda al uso, y tampoco podíamos permitírnoslo en este momento, pues nuestra economía y nuestras mentes están absolutamente comprometidas con la aventura familiar en la que nos hemos embarcado. 

Y así fue más o menos como se desarrolló: a los testigos se les unieron nuestra cuñada y mis suegros (no hubo manera de negarse, jeje), la firma tuvo lugar en una sala más apañada de lo que esperábamos y con un discurso más jocoso y emotivo del que habíamos imaginado, y la comida salió inexplicablemente bien (a pesar de que nos decidimos aquel mismo día por un restaurante de nuestro pueblo del que no nos fiábamos ni un pelo).

Y aunque habíamos decidido casarnos solo para poder legalizar nuestra familia cuando la tuviéramos, al empezar a contárselo a la gente y recibir sus felicitaciones (incluso algunos regalos inesperados), nuestra boda dejó de ser un mero trámite burocrático y empezó a cobrar importancia en sí misma. De pronto, nos hacía muchísima ilusión estar casadas y considerábamos nuestra decisión como una celebración de nuestro amor, de todo lo que hemos pasado juntas durante estos nueve años, y de todo lo que deseamos que nos quede por vivir.

Por eso, cuando llegue el momento, nos encantaría celebrarlo con toda la gente que nos quiere y a la que queremos. Era algo que ya habíamos pensado antes, pero ahora que sabemos que el matrimonio nos sienta fenomenal, cobra mucho más sentido compartirlo. Sobre cuándo será el momento, como sobre casi todo lo que pasa en nuestra vida últimamente, no podemos estar seguras. Pero es posible que esto, que no depende de la biología, ni de la medicina, y muy poco del banco, pueda materializarse en cuanto nuestros corazones se liberen de tanta congoja y se sientan libres, una vez más, para acoger la alegría y llenarse de emoción.

¡Vivan las novias! ¡Vivaaan!

lunes, 19 de mayo de 2014

Elegir clínica de reproducción asistida



Uno de los primeros pasos que debe dar una pareja de mujeres cuando decide embarcarse en la aventura de la maternidad biológica es el de elegir clínica. 

Alma y yo comenzamos nuestra búsqueda en Internet, visitando las páginas web de las clínicas de Madrid. También leímos algún artículo sobre qué criterios utilizar para elegir, aunque apenas le hicimos caso a la hora de tomar la decisión, pues empleamos nuestros propios criterios.

sábado, 17 de mayo de 2014

Deshacerse del caos



Hace unas semanas descubrí un programa de la tele donde ayudaban a familias que tenían un caos enorme en su casa (montones de tonterías por todas partes, ropa tirada sobre cualquier superficie, sin espacio para pasar ni sentarse...) a deshacerse de la mayoría de sus cosas y poder retomar las riendas de su vida.

He de reconocer que este programa me ha dejado profundamente impactada. No porque en mi casa ocurra nada parecido (pequeños desastres sí que hay, tampoco voy a negarlo), sino por los motivos que conducen a la gente a perder el control sobre las cosas de esa manera. Porque en sus motivos sí que me he visto reflejada.

sábado, 3 de mayo de 2014

¡Nos casamos!



Después de muchos (¡muchísimos!) meses arreglando papeles, por fin tenemos fecha para casarnos.

Comenzamos el papeleo en verano. Nos presentamos muy contentas en el ayuntamiento de nuestro pueblo y, prácticamente, les anunciamos la boda. A los funcionarios les pareció una noticia estupenda, y entendieron que ya teníamos resuelto el expediente judicial. ¿Expediente? ¿Qué expediente? Aquel día aprendimos que, antes de poder casarse, un juez debe examinar los datos de los contrayentes para darles permiso. Era la primera noticia que teníamos sobre el tema, nosotras y la mayoría de la gente que conocemos (incluidos los casados por la Iglesia).

Así que, con las mismas, nos fuimos al juzgado. Allí nos dijeron que en verano no daban cita para estos eventos, por lo que deberíamos volver en septiembre. Volvimos en septiembre y, antes de explicarnos el proceso, tuvo lugar una de esas anécdotas bochornosas que quedarán para los anales de nuestra historia:

— Así que os queréis casar —dijo la funcionaria—. ¿La dos?
— Sí —respondimos nosotras, un tanto extrañadas—... ¡la una con la otra!

Quizá fueron los nervios del momento, pero nos pareció un equívoco graciosísimo y nos pusimos a reír a carcajadas. A la funcionaria no pareció hacerle ninguna gracia, ya que no se dignó siquiera a sonreírnos y nos explicó el procedimiento en un tono muy serio. Pensándolo después, esta actitud me pareció profundamente irrespetuosa. ¿Qué se pensaba que éramos? ¿Dos amigas muy amigas que pretendían casarse el mismo día? Por si esto fuera poco, la cita que nos dieron para iniciar el expediente (¡solo para iniciarlo!) iba a tener lugar unos cuantos meses después... ¡En febrero! 

jueves, 1 de mayo de 2014

Plenitud



Despertarme temprano y descubrir que ya no tengo más sueño, mientras el mundo permanece dormido.

Sentir el bullir de las ideas tras la frente. Empezar a componer con el auxilio de la memoria. Dejar que las palabras tomen forma antes de levantarme de un salto para encender el ordenador.

Calentar el agua en un cazo, elegir un té denso, fuerte, hervirlo hasta que su aroma sea capaz de formar una ligera nubecilla sobre la taza.

Subir la persiana despacio, silenciosa. Mirar al cielo y darle los buenos días a la mañana.

Comenzar a teclear, rápido, despacio, buscando el ritmo, mientras aquel líquido caliente, dulce y amargo, desciende por mi garganta.

Saber que este es el lugar donde quiero estar, que este es el momento que quiero vivir.

Sentir la plenitud de que mi vida es tal y como debe ser.

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