Junto a las pruebas que valoran el estado general de la salud ginecológica de la pareja, la futura madre gestante debe hacerse otras pruebas que son básicas para evaluar el estado de su fertilidad. Y aunque en un primer momento parecen sencillas, se pueden complicar bastante y dilatar el proceso en el tiempo, como ocurrió en mi caso.
En principio, se trata solamente de dos pruebas: una ecografía y un análisis de sangre. Ambas deben realizarse entre el tercer y quinto día de la regla, que es cuando se puede estudiar la reserva ovárica de la futura madre gestante. Si, por cualquier circunstancia, no se pueden llevar a cabo durante esos días, es necesario esperar a la siguiente regla, algo que a mí me ocurrió dos veces.
Por otro lado (y esta es una información muy valiosa que me habría ahorrado bastante tiempo), la primera prueba que debe realizarse es la ecografía. Esta prueba, además, tiene que llevarla a cabo el médico de la clínica de reproducción asistida, que es el experto en valorar la fertilidad. Dependiendo de lo que encuentre, habrá que realizar un análisis u otro, además de otras pruebas complementarias. En mi caso, este punto no me quedó muy claro, así que, ante la perspectiva de poder realizar todas las pruebas por la Seguridad Social, pedí cita con mi doctora de cabecera y anulé la cita que habíamos pedido en la clínica. ¡Error!

