Tras la primera visita a la matrona, nos programaron lo que en nuestro hospital llaman la "rueda obstétrica" del primer trimestre: analítica, ecografía y nueva visita a la matrona. Así que, estando de nueve semanas, me hice los análisis que permiten completar después el denominado "cribado" del primer trimestre. En la Comunidad de Madrid, este cribado informa del porcentaje de probabilidades de que el feto presente la trisomía 21 (Síndrome de Down) o la trisomía 18 (Síndrome de Edwards).
Los resultados del cribado nos los dieron el mismo día de la ecografía de las doce semanas, cuando recogieron los datos morfológicos necesarios (longitud céfalo-caudal, medida de la traslucencia nucal, presencia de hueso nasal y flujo sanguíneo en el ductus venoso). Para completar el cribado, además, necesitaban conocer la edad de la madre; pero, como en nuestro caso se trata de una adopción de embriones, la edad que se tiene en cuenta es la de la donante, no la mía. Por ello, entregamos a la ginecóloga el informe con los datos de los donantes que nos habían dado en la clínica.
Lo que vino después me hizo darme cuenta de que, aunque los médicos estén más o menos familiarizados con las diferentes técnicas de reproducción asistida, el sistema, en sí mismo, no reconoce nuestra diversidad.

