domingo, 23 de marzo de 2014

Mi primera intuición



No deja de sorprenderme cómo los recuerdos que podemos rescatar de nuestro inconsciente suelen haber resultado profundamente significativos para nuestra vida y nuestro presente.

Uno de estos recuerdos tiene que ver con mi primera intuición sobre el vegetarianismo. Era pequeña y estaba de viaje con mis padres visitando a unos familiares lejanos, que vivían en un pueblo de cuyo nombre no logro acordarme y que casi aseguraría que nunca más volví a visitar. En la casa había un corral enorme lleno de conejos, y yo entré a verlo junto con mi madre. Me enamoré automáticamente de todos aquellos animalitos, peludos, suaves y de muchos colores. Y aunque han pasado más de veinte años, todavía puedo sentir las ganas de quedarme allí junto a los conejos, de abrazarlos, de no separarme jamás de ellos, de poder llevármelos a casa.

Después de visitar el corral, nos sentamos a la mesa. Había muchas personas desconocidas para mí, pero en medio de aquel gentío tumultuoso, pude enterarme del menú antes de que lo sirvieran en la mesa: era arroz con conejo.

domingo, 9 de marzo de 2014

La reproducción asistida es mi aliada




Hace algunas semanas que descubrí la página que acompaña a esta fotografía, y he de reconocer que su lectura me ha ayudado mucho a normalizar el proceso que estoy viviendo.

Han pasado tres meses desde que Alma y yo asistimos a la primera consulta en la clínica de reproducción asistida. Desde entonces, mi vida se ha convertido en una sucesión interminable de consultas médicas, pruebas, análisis y medicamentos. Todavía no hemos empezado con la fase reproductiva y yo ya me siento agotada y, en muchos momentos, incapaz de seguir adelante. Sufro estrés, ansiedad e insomnio. Me encuentro inexplicablemente enferma. Mis reglas, hasta ahora regulares, se han descontrolado. Y a menudo me descubro preguntándome cuál era el fin de todo esto.

Lo peor es sentir que no debería sentir lo que siento. Que debería estar contenta y agradecida (como han llegado a decirme) porque la ciencia me permita ser madre. Que debería haber contado (pues ya lo sabía de antemano y no es ninguna sorpresa) con un proceso semejante. Sin embargo, yo me siento enajenada de mi cuerpo, inspeccionada y expuesta, constantemente evaluada. Tengo miedos que no imaginaba, preocupaciones que me asaltan por primera vez en mi vida, dudas absurdas y ridículas y que me hacen sufrir enormemente. Y no estoy contenta, no. No era este el camino hacia la maternidad que yo imaginaba.

Así que me tengo que repetir, para convencerme, que la reproducción asistida es mi aliada, no mi enemiga.

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