lunes, 17 de abril de 2017

Welcome back, pastillero

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Con la llegada de la regla ha dado comienzo el primer mes de mi nuevo tratamiento. Un mes que consiste, principalmente, en la toma masiva de vitaminas y otros medicamentos para ir regulando la coagulación y preparando así mi cuerpo para un (posible) (nuevo) embarazo.

Es inevitable que repetir este protocolo nos recuerde, a Alma y a mí, a nuestra segunda FIV: ese último tratamiento que hicimos utilizando mis óvulos y que fue uno de los hitos de nuestro camino en cuanto a bofetadas en la cara se refiere.

Esta vez, sin embargo, me enfrento a la locura medicamentosa con otro espíritu. Si bien iniciamos nuestra segunda FIV sabiendo que mi homocisteína estaba muy alta, y que, por tanto, podía haber sido la causa de los dos primeros abortos; a mí todavía no me terminaba de cuadrar el diagnóstico.

Tal vez fuera porque no terminaba de confiar en nuestra doctora. La manera en que interpretó mi primer estudio de trombofilia, mirándose unos apuntes que tenía en la carpeta, no invitaba a pensar, precisamente, que la señora controlara del tema. 

En su defensa diré, no obstante, que por lo menos ella completó las pruebas que me habían mandado en la Seguridad Social hasta verificar la hiperhomocisteinemia; no como el hematólogo que me hizo el estudio, que me mandó a casa con la seguridad de que no tenía ningún problema de trombofilias (¡trombofilias yo!), cuando el inmunólogo, solo con ver esos mismos análisis, ya me sentenció.

También es posible que el rechazo que sentía hacia el tratamiento formara parte del rechazo generalizado que sentía hacia las FIV. Yo no quería pincharme, no quería llevar mi cuerpo al límite, no quería pasar por quirófano. Lo tenía muy claro y, sin embargo, lo llevé a cabo como una especie de sacrificio ineludible, una idea con la que cada día estoy menos de acuerdo.

Esta vez, sin embargo, tengo un diagnóstico que me hace sentir más segura. Entiendo que los suplementos de vitaminas del grupo B van a formar parte de mi dieta de aquí a que me muera, puesto que, con la mutación que tengo, es imposible que mi cuerpo mejore su metabolismo de manera natural. Y aunque sé que la heterocigosis no es la versión más peligrosa, en mi caso constituye un agravante del fiestón protrombótico que hay montado en mis venas.

El adiro, por su parte, lo he recibido con los brazos abiertos desde el primer día. La presencia de una trombofilia en mis pruebas es inapelable: no solo el factor XII ha subido como la espuma en los dos últimos años, sino que también lo han hecho otras proteínas anticoagulantes que procuran contrarrestar sus efectos, como la antitrombina III y la proteína C.

Para mí, sin embargo, la prueba definitiva de que necesito un protocolo especial llegó con el último aborto. Ya no puedo mantener la fantasía de que el problema reside en mis óvulos, porque, con unos embriones estupendos procedentes de óvulos ajenos, el embarazo tampoco salió adelante. Hoy recuerdo con ternura la alegría que me llevé cuando me dijeron que no tenía que tomar ningún medicamento especial en el último tratamiento; pero también me tiro de los pelos: esa no es mi realidad y he tenido que aprenderlo de la manera más dolorosa.

En comparación con la segunda FIV, no obstante, mi pastillero se ha aligerado un tanto, aunque no por ello me haya librado de montar un tetris con las pastillas que tengo que tomarme debido a sus incompatibilidades.



Después de leerme otra vez todos los prospectos, mi medicación diaria ha quedado como sigue:

  • Desayuno: metformina (850 mg) y ácido fólico (5 mg). La metformina no tiene pérdida porque tengo que tomarme dos pastillas diarias, una en el desayuno y otra en la cena. El ácido fólico lo he colocado aquí porque, a pesar de ser una vitamina maravillosa sin apenas efectos secundarios ni contraindicaciones, debe tomarse solo, nunca formando parte de un preparado multivitamínico. Esto me ha parecido extraño y curioso al mismo tiempo, ya que lo prescriben acompañado de un combinado de vitaminas del grupo B, con el que realmente no te las deberías tomar.
  • Comida: vitaminas prenatales y combinado del grupo B (250 mg de B1, 250 mg de B6 y 500 mcg de B12). A mí me gustaría tomarme todo esto por la noche, entre otras cosas, porque he leído que la vitamina B6 provoca somnolencia, y eso es algo que me vendría de perlas para el insomnio. Sin embargo, resulta que la metformina interfiere con la absorción de la B12, así que esta era la única toma donde podía colocarla. Otro de los motivos por los que querría tomarme este combinado por la noche es que su incompatibilidad con el ácido fólico es recíproca: los combinados de vitaminas interfieren con la absorción del ácido fólico, pero es que el ácido fólico en cantidades masivas disminuye la absorción de la vitamina B12. De todas formas, en los días de diario pasan casi ocho horas entre que desayuno y como, así que creo que hay bastante tiempo para la absorción de todas las vitaminas.
  • Cena: metformina (850 mg) y adiro (100 mg). En esta clínica me recomendaron que me tomara el adiro por la noche. Esto me llamó bastante la atención, ya que en nuestra segunda FIV no me dieron ninguna pauta al respecto, y yo me lo tomé cuando me pareció (concretamente, en la comida). Con lo que he ido aprendiendo sobre la coagulación en los últimos meses, no obstante, entiendo que tiene mucho más sentido tomárselo por la noche, ya que la inmovilización del cuerpo durante el sueño aumenta el riesgo de trombosis. 

Ahora que estoy convencida de necesitar todos estos medicamentos, soy capaz de tomármelos con alegría, segura de estar abonando el mejor sustrato para un embarazo saludable. 

No obstante, teniendo en cuenta las incompatibilidades que hay entre algunas pastillas, reconozco que he empezado a sentirme un tanto incómoda con la metformina. Si bien es un medicamento estupendo para el SOP, no lo es tanto para las personas que sufrimos una mutación de la MTHFR, por sus efectos negativos sobre la absorción de la vitamina B12. Así que, cuando vayamos a la consulta con la ginecóloga, le preguntaré si, en mi caso, los beneficios sigue superando las contraindicaciones, o si, por el contrario, sería preferible que dejara de tomarla.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Suerte, mucha suerte...que pronto tu/s pequeños esten contigo,con vosotras, para llenar de alegria vuestras vidas.
Un abrazo.
Núria

Remedios Morales dijo...

¡Muchísimas gracias, Núria! :D

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