domingo, 23 de abril de 2017

Antes de abandonarme, haz una llamada

El viernes me hice el último análisis antes del tratamiento. Y me pasé media hora haciendo cola delante de este cartel:


No era la primera vez que lo veía, ya me he hecho otros análisis en este Centro de Salud. Sin embargo, cada vez que me toca esperar en esa sala, es como si todo lo demás desapareciera, como si todo el espacio se viera ocupado por su sola presencia. No puedo dejar de mirarlo, no puedo dejar de pensar y de sentir.

Y pienso que, tal vez, dentro de dos o tres años, una mujer mirará este mismo cartel y, después de un viaje que solo puede ser durísimo, tomará una decisión. Y entonces mi teléfono sonará. El mío. Para decirme que, al día siguiente, podremos ir a recoger a nuestro bebé.

La cascada de emociones es casi insoportable. Dicen que no debemos idealizar a la madre biológica, que no debemos engañarnos imaginando una persona que puede ser muy diferente a la idea que nos hacemos de ella. Pero yo no puedo más que sentir un enorme respeto por su decisión. Una decisión que (estoy casi segura) yo no sería capaz de tomar.

Siempre he sido una firme defensora de la interrupción voluntaria del embarazo. Y lo sigo siendo. Así que me cuesta muchísimo imaginar que una mujer decida vivir el embarazo de un bebé que va a dar en adopción. Supongo que, en realidad, las cosas no son tan sencillas. Que la decisión se toma con el tiempo. Que no es algo que se tenga claro desde el principio. Que habrá idas y venidas. Aun así, vivir un embarazo completo para entregar después a tu hijo con la esperanza de que tenga una vida mejor... buf. Me pone los pelos de punta.

Entonces vuelvo a recordar: no hay que idealizar a la madre biológica. Es una persona como otra cualquiera. Llena de complejidad. Sin embargo, no puedo dejar de ver en su decisión una muestra inabarcable de generosidad hacia su hijo. Por llevarlo en sus entrañas, con todo lo que eso implica. Por traerlo al mundo. Por actuar con determinación y responsabilidad. A pesar de que esa decisión la vaya a acompañar por el resto de sus días.

Hago un esfuerzo e intento imaginar una situación menos romántica. La madre biológica no supo que estaba embarazada hasta que fue demasiado tarde para abortar. Me cuesta pensarlo, pero entiendo que puede ocurrir. Aun así, me parece que la generosidad sigue presente. Creo que, en cierto sentido, quedarte con un niño al que realmente no puedes criar puede ser una solución sencilla y egoísta. Para no tener que cargar con el peso de haberlo dado en adopción. Para no tomar conciencia de la situación que conllevó su existencia (que también puede ser muy compleja). 

Intento llevar la situación al límite. A lo mejor le dio igual. A lo mejor le importaba un bledo estar embarazada (¿es eso posible?). A lo mejor sintió alivio cuando dio a su hijo en adopción. A lo mejor se quitó un peso de encima. Y pienso: "¡Por supuesto!". Y es que, ¿acaso no tiene derecho? Si esos son sus sentimientos, si no quería tener un hijo por la razón que fuera y se quedó embarazada por la razón que fuera, ¿no tiene el derecho de hacer uso de este mecanismo social que es la adopción? ¿Por qué culparla, por qué ver algo malo en una situación desafortunada a la que ella le ha dado una buena solución?

No creo que las personas seamos buenas o malas por naturaleza. Creo que todos somos complejos. Pero estoy segura de que, en la decisión de dar un bebé en adopción, hay noches en vela involucradas, hay nervios, dudas, hay miedo, alivio, alegría, orgullo, vergüenza. Y al final hay una decisión correcta. Y esa decisión tiene todo mi respeto, e incluso mi admiración.

Para enfrentarse a ese cartel hace falta ser muy valiente. Y las madres biológicas lo son.
Yo solo espero poder estar a su altura como madre de adopción.

2 comentarios:

Merimeri dijo...

Qué bonito lo que cuentas!! Tiene que ser tremendamente duro dar a tu hijo en adopción... pero un acto de generosidad tremendo y sobretodo las familias que reciben a esos bebés son muy afortunados tanto los padres como los bebes porque ahí hay amor del bueno. Tener que dar en adopción tiene que ser tremendamente triste para la madre biológica .

Remedios Morales dijo...

¡Gracias, Meri! La verdad es que la adopción debe de ser una experiencia muy intensa para todos los involucrados. Pero quiero creer que también es hermosa y que, por supuesto, merece la pena... para todos. ¡Un abrazo!

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