sábado, 30 de mayo de 2015

Anemia



Empiezo a recibir algunos resultados de las pruebas que me estoy haciendo dentro del estudio de fallo de implantación (o abortos de repetición). Hasta el momento no hemos descubierto nada especial, si bien me queda aproximadamente la mitad de las pruebas, como iré explicando más adelante.

Lo que sí ha descubierto mi doctora de cabecera ha sido que tengo anemia. Decidió aprovechar los análisis que me mandaba para comprobar mi estado general de salud, y aunque todo estaba perfecto, mejor incluso que en los últimos años, mis glóbulos rojos nos hacían señales de SOS desde el papel.

La anemia es una consecuencia bastante frecuente del aborto, y, en casos como el mío, prácticamente irremediable. Pero los médicos han tardado seis meses en diagnosticármela, y eso que he visto a más de cuatro diferentes desde que perdí mi embarazo.



Yo sufrí un aborto retenido. Esto quiere decir que, a pesar de que nuestro primer embrión debía de llevar algunos días muerto para cuando descubrimos que ya no tenía latido, mi cuerpo seguía adelante con el embarazo, seguramente a causa de la gran cantidad de progesterona con la que me estaba medicando (1200 mg. diarios repartidos en tres dosis). Como me dijo la doctora de la clínica, tal vez, dejando la medicación de golpe, mi cuerpo hubiera entendido lo que estaba ocurriendo y el embarazo se habría resuelto de manera natural.

Sin embargo, esta posibilidad, denominada "manejo expectante", está prácticamente ausente de la Sanidad española. Cuando fuimos a la Maternidad, de hecho, solo me dieron a elegir entre dos tratamientos: el clásico legrado o la aplicación de un medicamento, llamado "misoprostol", que desencadena el parto. Para optar por este último, que era el que yo prefería, tenían que comprobar que mis niveles de hierro estuvieran en orden, ya que, si hubieran descubierto que tenía anemia por aquel entonces, no me habrían podido administrar la medicación.

Pero no la tenía: mis niveles eran correctos. Así que me pusieron las pastillas, sentí algunas contracciones y empecé a sangrar. Quizá debería escribirlo con mayúsculas para que se entienda lo que quiero decir: empecé a SANGRAR y no paré hasta veinte días después. Al principio, tuve que utilizar compresas de noche y cambiármelas cada dos horas. Me mareaba, se me aceleraba el corazón y, en algunos momentos, llegué a pasar auténtico miedo. En el Hospital nos habían dado un papel donde se advertía que la paciente debía estar acompañada por un adulto durante las primeras 24 horas, y que cualquier sangrado o molestia considerada fuera de lo normal debía ser motivo inmediato de consulta médica. Pero claro, ¿acaso todo el proceso que conlleva un aborto no es algo fuera de lo normal?

Todos los médicos que me han tratado durante este tiempo saben que elegí las pastillas y ninguno me advirtió sobre la anemia. Me parece mal. Después de informarme sobre el tema, he sabido que las pérdidas masivas de sangre requieren de una transfusión o, al menos, de la administración de comprimidos de hierro para restablecer los niveles normales. No hay otra manera. Ninguna dieta puede compensar esas pérdidas.

Quiero puntualizar esto en caso de que alguien piense que la anemia puede estar causada por el hecho de ser vegetariana. No lo está. No he tenido anemia durante todos los años que he sido vegetariana ni la tenía antes del aborto. En la Maternidad, sabiendo el nivel de sangrado al que me enfrentaba, deberían haberme derivado a mi doctora de cabecera para que me recetara hierro. En su defecto, mi doctora de cabecera debería habérmelo recetado, previo análisis si se empeñaba, al saber que había sufrido un aborto.

Reconozco mi parte de responsabilidad, no obstante. Yo sabía que algo no andaba bien. La verdad es que no me sentía cansada y seguía haciendo ejercicio con normalidad, pero, cuando me venía la regla, volvía a marearme de manera similar a lo que sentí durante el aborto, y me solía quedar muy floja. No era algo que me hubiera pasado anteriormente, así que me lo temía. Pero estaba tan saturada de médicos después de pasar por cuatro inseminaciones, una FIV y un aborto, que necesitaba disfrutar de unos meses sin pisar una consulta ni dejar que me agujereasen el brazo. Claro que, si me hubiesen advertido de que me exponía a desarrollar una anemia sí o sí, habría hecho de tripas corazón y me hubiera dejado pinchar una vez más.

Una parte de mí no deja de pensar que, en ese caso, mi recuperación física y mental habría sido completa. De ese modo, habría llegado a mi segunda transferencia embrionaria en las mejores condiciones. Ahora pienso que, tal vez, la anemia influyera en su resultado. De todas formas, prefiero no darle demasiadas vueltas al tema; al fin y al cabo, las mujeres con anemia también se quedan embarazadas. Sin ir más lejos, mi madre sufrió anemia congénita hasta la menopausia y tuvo dos hijos preciosos (!).

El caso es que mi doctora me ha recetado hierro para, al menos, cuatro meses. Ya estoy terminando la primera caja y, aunque en términos generales no he notado cambios, sí que me ha venido una regla sin mareos y sin flojera posterior, de lo que deduzco que el tratamiento está siendo efectivo.

Lo que no tengo tan claro es cómo afectará esta nueva situación al próximo tratamiento. La doctora me dejó caer que no debería intentar quedarme embarazada hasta no haberme recuperado por completo, pero a mí me entró por un oído y me salió por el de enfrente. ¿Por qué? Porque me jode. Porque entre el aborto y la segunda transferencia pasaron más de cuatro meses y podría haberme tomado el hierro entonces. Porque eso significaría que entre FIV y FIV habría pasado exactamente un año, y eso me resulta devastador.

Pero todavía no sé lo que haré. Tampoco sé lo que podré hacer. Quién sabe: en este tiempo, incluso es posible descubrir que no habrá una segunda FIV para mí.

5 comentarios:

Merimeri dijo...

Entiendo que las esperas son devastadoras, para mi era el periodo que peor estaba , aunque estuviera apunto de empezar una FIV. De la ultima FIV a esta que por fin lo conseguí pasó un año y un mes... una eternidad pero en realidad en ese periodo me curé por dentro, mentalmente, y fisicamente busqué el problema, me operaron del utero y el tiempo no fue tanto... a lo mejor no hace falta esperar 4 meses, igual con 3 meses ya vale, no?
Mucho ánimo!

Mmaria Laura dijo...

la falta de informacion en todo es fatal, muchos medicos no dicen nada , hay que estar preg todo, pero claro de lo que no se no puedo preg, que bronca!! pero ahora lo importante es que te recuperes pronto , un beso

Carolina G dijo...

Esos doctores que todo se les hace fácil, me molesta mucho que no orienten al paciente. Pero bueno gracias x compartir la experiencia, he aprendido mucho en los blogs. Saludos! !

Amapola dijo...

No puedo creer que no te hayan avisado de que podía pasar esto. ¿Entonces cuando te enfrentaste al tratamiento anterior ya estabas anémica y no lo sabías? Dios! Ojalá te recuperes pronto. Te mando un gran abrazo.

Anónimo dijo...

No vayamos ahora a montar un drama por una mísera anemia, es super frecuente, sobretodo en mujeres en edad fértil, por las pérdidas de sangre de la regla, yo, por ejemplo, he tenido anemia casi desde mi pubertad, vivo muchas veces anémica y de vez en cuando yo misma me "autoreceto" hierro por 3 meses y ya está. Parece que estés hablando de unproblema de salud casi insalvable, si te quieres quedar más tranquila te diré que yo soy madre de dos hijos, de los cuales me quedé embarazada con unos niveles de hemoglobina de 10, no pasó absolutamente nada! Durante los emvarazos tomé hierro y a duras penas llegué a 11, parí naturalmente y tomé hierro todo el puerperio puesto que las pérdidas de sangre son fuertes, y sigo estando anémica y lo estaré almenos hasta la menopausia, y tomando hierro a temporada iré haciendo, pero no pasa nada de nada, no nos pasemos, que exageración!!!!!

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