viernes, 27 de diciembre de 2013

Formar una familia



En estos días de reuniones y celebraciones familiares, cobra más sentido para mí la idea de formar una familia. Mi propia familia.

En la que, desde el principio, el respeto, la empatía, la comprensión o el perdón sean valores fundamentales. En la que no tengamos miedo a compartirnos desde lo que somos, seres humanos, con nuestras limitaciones y nuestras grandezas. Donde la comunicación sea posible, incluso en los momentos dolorosos o difíciles, porque la honestidad tenga siempre las puertas abiertas y la escucha no conlleve juicio o control. Una familia en la que el amor te dé la mano o te abrace cuando lo necesites, y sepa retirarse en los momentos de necesaria soledad. En la que los lazos se construyan cada día y no se enrosquen en tu cuello dificultando tu respiración.

Una familia, mi propia familia, deseada y construida con el corazón. 

lunes, 16 de diciembre de 2013

Trabajos de alfarería



Sostener una idea entre mis dedos
(húmedo bloque de viscoso barro).
Otorgarle esa forma primigenia:
masa que alumbra el hueco de mis manos.
Hacer que gire lenta y suavemente 
en el papel del torno o del teclado.
Prender su carne y verla arder en llamas
del ladrillo la firmeza esperando,
para que enhiesto se sostenga y vuele
(Fénix de arcilla recién moldeado)
o se derrumbe y con desdén lo envíe
al triste limbo del hijo bastardo.

sábado, 14 de diciembre de 2013

Lo que llevo conmigo



Cuando me enteré, hace unos meses, de que debía marcharme del instituto donde había trabajado en los últimos años, el mundo se me vino encima. Allí había encontrado mi sitio: había madurado como docente y como persona, mis clases se acercaban ya a la idea que tenía de ellas cuando aún era estudiante, mis alumnos y mis compañeros me querían y me valoraban. De alguna manera que todavía hoy no alcanzo a entender, me invadió la certeza de que mi vida laboral solo podía empeorar y que mis mejores años iban a quedarse atrás.

Observando el estado de alma-en-pena en que me encontraba, varios compañeros trataron de animarme. "No te preocupes", me decían, "tú vas a estar bien allá donde vayas, porque llevas lo bueno contigo". Es una frase que me repitieron compañeros distintos en diferentes ocasiones, pero entonces no supe entenderla, ofuscada como estaba en mi profunda tristeza.

jueves, 12 de diciembre de 2013

Las alas son para volar


- Un relato de Jorge Bucay -

Y cuando se hizo grande, su padre le dijo:
- Hijo mío, no todos nacen con alas. Y si bien es cierto que no tienes obligación de volar, me parece que sería penoso que te limitaras a caminar, teniendo las alas que el buen Dios te ha dado.
- Pero yo no sé volar - contestó el hijo.
- Es verdad... - dijo el padre y caminando lo llevó hasta el borde del abismo en la montaña.
- ¿Ves, hijo? Este es el vacío. Cuando quieras volar vas a pararte aquí, vas a tomar aire, vas a saltar al abismo y, extendiendo las alas, volarás.
El hijo dudó:
- ¿Y si me caigo...?

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