sábado, 1 de julio de 2017

Mi opinión sobre los test de embarazo

He dado por terminada la etapa de los test de embarazo :)

Reconozco que, después de conocer la beta, perdí el miedo a sufrir un aborto de un día para otro, así que me relajé bastante con respecto a las rayas de los test y su intensidad. De todas formas, decidí terminar los que me quedaban: así completaba mi escalera de color y me libraba de unos test caducados con los que no me quería volver a pelear. Seguí haciéndome los test cada dos días, y el resultado fue este:


Como se puede observar, la diferencia entre los tres primeros es bastante clara, pero, a partir de ahí, les cuesta más cambiar de intensidad. No sé si la culpa la tiene la fecha de caducidad; en cualquier caso, me parece importante compartir mi experiencia por lo que pudiera aportar a otras chicas que, como yo, se asusten al ver dos test seguidos que sean iguales. A mí me ha quedado claro que esto puede pasar sin que por ello signifique que el embarazo va mal.

Viendo este tipo de fotos, habrá quien piense que quienes las hacemos somos unas exageradas y unas histéricas de los test. Que más nos valdría no hacernos ninguno porque no somos capaces de gestionar la información que nos aportan. Es una idea que anda por ahí y que yo misma compartía al principio de esta aventura. Sin embargo, hace ya tiempo que estoy muy, muy en desacuerdo con ella.




En primer lugar, porque considero que utilizar los test para monitorizar el comienzo del embarazo es una buena idea. Es verdad que te puedes llevar sofocos innecesarios (como el que me llevé yo entre el tercer y el cuarto test), pero también es verdad que puedes comprobar con bastante fiabilidad si las cosas van como deben. Esto fue lo que me ocurrió a mí en el anterior embarazo: aunque solo me hice tres test seguidos porque no subían de intensidad y pensé que podía estarme preocupando tontamente, cuando empecé a notar los síntomas de que el embarazo se paraba, volví a hacerme un par y prácticamente salieron negativos. Gracias a esa "prueba objetiva", conseguí que en la clínica me hicieran caso (porque mi percepción de los síntomas les pareció irrelevante) y que me repitieran la beta para comprobar que, efectivamente, estaba abortando.

Si en España la atención prenatal fuera como en otros países, en los que te hacen una beta nada más enterarte de que estás embarazada, te la repiten dos y tres veces para monitorizar la duplicación de la HCG, y te hacen la primera ecografía entre las semanas seis y ocho (cosa que aquí no ocurre ni en Reproducción Asistida, aunque es lo que más se acerca); seguramente muchas mujeres no necesitarían utilizar estos test. Sin embargo, dado que cualquier cosa que ocurra antes de la semana doce les parece poco importante (y es toda una proeza que te reconozcan un aborto en las primeras semanas), me parece que los test de embarazo pueden aportarnos una seguridad y unos argumentos que nos empoderan frente a esos médicos que todavía insisten en tratarnos de dementes y obsesionadas. Si un test da positivo, te has quedado embarazada, aunque la segunda raya no vuelva a salir. En ese caso, puedes estar segura de que has abortado: toma buena nota y busca un médico que lo tenga en cuenta.

Aunque hoy opino esto, pasé mis primeras seis betaesperas (cuatro inseminaciones y dos transferencias embrionarias de la primera FIV) sin utilizar test de embarazo. Antes de empezar con los tratamientos, había leído opiniones muy negativas sobre su uso, todas ellas denigrantes para las mujeres que los utilizan (y muchas de ellas expresadas por otras mujeres). La idea que a mí me llegaba era que, si no utilizabas los test de embarazo, era porque te sentías suficientemente fuerte y equilibrada como para superar la betaespera sin ellos. Y claro, ¿quién no quiere pensar de sí misma que es una mujer fuerte y equilibrada? Daba igual que los síntomas me volvieran loca o que hiciera cientos de búsquedas compulsivas en Internet: yo era una mujere fuerte y equilibrada que pasaba sus betaesperas "a pelo".

Antes de enfrentarme a la segunda FIV, sin embargo, había cambiado de opinión. Por supuesto, ya no me consideraba una mujer fuerte y equilibrada en las betaesperas, porque nunca lo he sido; pero, además, había otro motivo que, para mí, se imponía con muchísima fuerza: estaba harta de no tener privacidad. No solo no podía "fabricar" un bebé con mi mujer en la intimidad de nuestro dormitorio, no solo tenía que abrirme de piernas delante de un médico tras otro para que me hurgasen con sus cacharros, sino que, encima, debía enterarme de si estaba o no embarazada a través de una voz ajena que me hablaba del otro lado del teléfono.

Como suele pasar en estos casos, el detonante fue una cosa muy tonta. En aquellos meses, estaban echando por la tele un anuncio de una marca de sanitarios que aseguraba que sus productos te acompañaban durante toda la vida. Y una de las imágenes con que lo ilustraban era la de una chica sentada en su cuarto de baño mirando un test de embarazo (positivo, evidentemente). Cada vez que veía aquella imagen, me echaba a llorar pensando que yo nunca viviría eso. Que nunca sería esa la manera en que yo me enteraría de que estaba embarazada. Aunque parezca mentira, me costó unos cuantos anuncios (y unas cuantas lágrimas) que mi cerebro hiciera "clic" y entendiera que, aunque no podía recuperar la privacidad de buena parte de mi proceso reproductivo, eso sí que podía vivirlo: yo podía ser esa chica sentada en la intimidad de su cuarto de baño mirando un test de embarazo.

Así que encargué por Internet veinte tiras reactivas, las mismas que acabo de gastar. La primera me la hice todavía bajo los efectos del rompefolis, para ver cómo funcionaba. Así que, curiosamente, el primer test de embarazo que me hice en mi vida fue positivo, aunque fuera "falso". Después vinieron dos betaesperas teñidas de blanco nuclear, con la única excepción de una línea de evaporación que, la verdad sea dicha, fue bastante evidente y apenas me hizo dudar. Para la gente que opina que los test de embarazo baratos no son fiables, he de decir que esa fue la única línea de evaporación que me salió en veinte tiras, y fue bastante obvia; así que, para mí, estos test son tan fiables como cualquiera.

Defiendo el uso de los test de embarazo también en las betaesperas negativas. De hecho, lo defiendo especialmente en las betaesperas negativas, porque te permiten adelantar el duelo y empezar a vivirlo en la intimidad. Esto fue lo que me pasó a mí en la primera transferencia de la segunda FIV. Mi cuerpo empezó a decirme muy pronto que, contra todo pronóstico, no me había quedado embarazada. Y los test no hicieron más que confirmarlo. Por supuesto, una siempre se agarra a la esperanza test negativo-beta positiva; pero es una esperanza superficial, consciente. En mi interior, yo sabía que había ocurrido lo que más temía, y lo comprendí plenamente el día en que me confirmaron el negativo, porque no me derrumbé: para entonces, ya llevaba derrumbándome casi una semana.

Por otro lado, es evidente que descubrir tu positivo en casa, en un entorno íntimo, privado, sin injerencias no deseadas, es una experiencia inigualable. Yo la he vivido en mis dos últimas betaesperas y no la cambio por nada. Además, tiene otras ventajas que no se relacionan con la intimidad, sino todo lo contrario: con la posibilidad de compartir la noticia de tu embarazo. Los test se pueden fotografíar, guardar, utilizar de maneras artísticas. Puedes emplearlos para darle la noticia a tu pareja (que fue lo que hice yo las dos veces) y puedes enviarles sus imágenes a las personas que elijas (algo que también he hecho). Nada de eso es posible con una llamada telefónica, porque las palabras se las lleva el viento y porque no suele haber más que una oreja pegada al teléfono.

Por si todo esto fuera poco, considero que los test de embarazo que yo he utilizado tienen otra ventaja: que son muy, muy baratos. Las veinte tiras reactivas me costaron solo diez euros, y me han acompañado durante cuatro betaesperas. Para mí, defender la conveniencia de comprar test individuales que valen más del doble solo puede tener un objetivo comercial. Entiendo que haya mujeres que deseen ver en una pantalla la palabra "embarazada", que tengan curiosidad por saber de cuántas semanas dice el test que están o que lo utilicen para monitorizar su nivel de HCG. Me parece una opción perfecta para quien la quiera. Pero no es una opción "necesaria" y, sobre todo, no es la única opción "fiable", "recomendada". Cualquier mujer puede ver y contar rayas, y también puede aprender a contar semanas. Además, los test baratos le quitan cierto dramatismo al asunto y te permiten incluso "jugar" con ellos: en Internet puedes encontrar fotografías de tiras que se han hecho las parejas de las mujeres embarazadas solo por curiosidad o por divertirse un rato.

Para terminar, me gustaría enlazar esta pequeña enciclopedia de los test de embarazo que escribió MeriMeri en su día, y que a mí me ha servido mucho durante mis dos últimas betaesperas. Tiene toda la razón en lo que dice de que la intensidad de los test debe verse a los cinco minutos y no cuando se han secado: a mí también me daba la impresión de que mis test no se marcaban igual al hacérmelos, pero no podía probarlo una vez que se secaban, y de ahí surgían mis miedos. Por otra parte, me gusta lo que explica de que, cuando la beta ya es alta, la segunda raya se marca antes que la de control. Es algo que no se puede apreciar en una fotografía, pero a mí me pasó en los dos últimos test y fue una experiencia muy emocionante. Sobra decir, por último, que apoyo totalmente el uso de los test que hizo MeriMeri en su embarazo y que, para mí, fue todo un ejemplo. Durante mucho tiempo soñé con ver esa escala de color que ella mostraba en su entrada y ahora, por fin, yo también la he conseguido.

5 comentarios:

Merimeri dijo...

Hola!! me encanta ver esos test in crescendo!!! a mi también me fue de gran ayuda y sobre todo para sobre llevar los fantasmas de los bioquimicos!!

Un beso y te sigo por aqui!

Remedios Morales dijo...

¡Muchas gracias, Meri! Como digo en la entrada, para mí tu experiencia fue todo un ejemplo. Quienes hemos perdido embarazos muy temprano, sabemos que los test son una auténtica tabla de salvación para nuestra salud mental ;)

Promediando el círculo dijo...

EEEEEEEYYYYYYYY QUÉ ALEGRÍA MÁS GRANDEEEEEE!!!!!!!!! Muchas felicidades!!!!!! Estoy super desconectada y de pronto entrar y leer este notición... QUÉ HERMOSO, me alegro muchísimo por ustedes, a disfrutar cada minuto de esta bendición :)

La Hobbita dijo...

Ay madre! Cuanta desconxión!! Pues lo primero enhorabuena! Y lo segundo: yo vivo feliz con mis test baratos. Ningún fallo, ni lineas de evaporación ni nada de nada. Y lo que tu dices: tener la tranquilidad de poder mear palitos con alegría para ver cambiar la intensidad y saber que el asunto va bien sin que sobrevuele por mi cerebro la sensación de estar meando sobre 10€.

Un abrazo :)

Remedios Morales dijo...

¡Gracias chicas! ¡Y que vivan los test baratos! Me ha hecho muchísima gracia lo de mear sobre 10 euros... ;)

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