sábado, 14 de mayo de 2016

Cambiar es bueno


Hace poco nos atrevimos con un nuevo cambio de clínica; pero no de reproducción asistida, no: de clínica veterinaria :)

Cuando recogimos a nuestro gato, hace ahora casi cinco años, decidimos llevarlo a una clínica que había cerca de casa. Lo hicimos así porque esta clínica nos permitía hacer dos cosas que para nosotras son muy importantes: ir andando y ahorrarle un poco de coche al medio ambiente, y fomentar el comercio de barrio en lugar de los insufribles centros comerciales.

La cosa pintaba bien, pero la clínica veterinaria no; así que, a lo largo de estos años, nos hemos ido desencantando. Hasta que hace aproximadamente un año y medio decidimos que no volveríamos a llevar allí a nuestros pequeños. 

En cada revisión se limitaban a ponerles las vacunas de turno y a echarnos la bronca porque estaban gordos (sobre todo el gato, que pesa más de ocho kilos). Cuando les pedíamos consejo, no nos lo daban, insistiendo en cosas absurdas como que, si tienes dos gatos, no se les puede poner a régimen. Para nuestras preocupaciones (como la caspa del gato y el estado cada vez más hediondo de sus bocas) nunca nos daban respuesta, y por eso acabamos hartándonos.

Sin embargo, nos costó decidirnos por otra clínica. El cambio siempre da miedo: no sabes por dónde empezar, no sabes si acabarás en un sitio peor, la pereza de comparar te empuja a no mirar nada... Al final nos tuvimos que lanzar a la piscina con una clínica cualquiera que, sin embargo, nos daba cierta confianza. 

El cambio ha sido brutal. De hecho, seguramente hemos pasado de la clínica más cutre de los alrededores a la más puntera, pero la salud de nuestros pequeños bien lo vale.




Lo primero que nos dijeron en esta nueva clínica es que, evidentemente, necesitaban una limpieza de boca. Decidimos empezar con el gato y, en los análisis preoperatorios, descubrimos que tiene un problema en el riñón. Se trata de una enfermedad congénita, degenerativa e incurable. Dicho así, parece terrible, y lo es; la buena noticia es que se la hemos cogido tan a tiempo que tenemos un buen margen para paliar sus consecuencias y mejorar su calidad de vida. Ahora, cuando pienso en la posibilidad de que mi gato hubiera enfermado, me dan ganas de ir a quemar la clínica antigua.

Otra de las cosas que nos dijeron nada más ver a nuestro gato es que había que ponerlo a régimen. Cuando supimos que, además, tiene un problema en el riñón, se hizo absolutamente necesario que tomara un pienso especial. Las veterinarias nos explicaron que, al contrario de lo que nos habían dicho, es perfectamente posible poner a dos gatos a régimen. De hecho, teníamos que hacer dos cosas que hasta el momento no estábamos haciendo: racionarles la comida según su peso y darles tanto pienso seco como húmedo (este último se lo habíamos quitado desesperadas por si era la causa de su engorde). Y aunque nos ha costado muchísimo que nuestro gato aceptara los cambios (aparte de ser un gordo, también es un maniático), ahora mismo cada uno come su comida en las cantidades necesarias y sin dramas.

Esta clínica también nos gusta porque tratan muy bien a los animales y tienen bastante mano para aquellos de "difícil manejo", como es el caso del nuestro (sí: es un gordo, es un maniático y es un salvaje; también es un gato callejero, lo que seguramente explica todo lo demás). Concretamente, consiguieron hacerle un análisis de sangre y una ecografía sin tener que anestesiarlo, gracias a un bozal felino que nunca habíamos visto (y a la determinación de Alma, que también tiene buena mano con el amigo).

Para ir a esta clínica tenemos que coger el coche, algo casi inexcusable cuando se trata de transportar ocho kilos de gato; pero, al menos, no está en un centro comercial. Y aunque nos estamos gastando una pasta, preferimos invertir en el bienestar de toda la familia que volver a sufrir con la terrible noticia de que alguno de nuestros gatos no se encuentra bien de salud.

Cambiar es bueno, no hay que dudarlo.

¡Guerra al malo conocido! ¡Viva el bueno por conocer!

1 comentario:

Carolina G dijo...

K importante es sentirse Cómodo con tu veterinaria, cambiamos de casa hace 6 meses t los médicos de este rumbo son demasiado materialista, yo me moleste con uno por lo mismo y se lo dije, abusan del cariño k uno tiene para cobrar de más, aún sigo probando las clínicas, cuando fue algo serio c una de mis mascotas la lleve a una veterinaria k estaba lejos pero de mi confianza y lo mejor es k el veterinario de alli se nota el amor de su profesión y ni cobra mucho. Así k estoy más tranquila c eso.

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