martes, 3 de marzo de 2015

La clase con la que soñaba



La semana pasada hubo dos días de huelga de estudiantes, así que no llegué a tener ni diez alumnos por aula. Aproveché la oportunidad para que disfrutásemos, tanto ellos como yo, de lo que podrían ser nuestra clases si el sistema fuera diferente: nos sentamos todos juntos, trabajamos, resolvimos dudas, charlamos tranquilamente, nos reímos. No había roles, ni actitudes desafiantes, ni gritos. A ninguno le faltó tiempo o ganas para completar los ejercicios, y algunos aprendieron más que en todos los meses anteriores juntos. Yo pasé dos días relajada, animada, reconciliándome con lo más hermoso de la enseñanza.

A la inspectora de mi zona, sin embargo, le encanta repetir que no existe ningún estudio que demuestre que el número de alumnos por aula afecte a su aprendizaje. No sé en qué clase de manual tecnocrático ha aprendido a repetir semejante despropósito, ni cuántos años han pasado desde la última vez que pisó un aula. Lo que tengo clarísimo es mi experiencia: si a mí me dan un grupo heterogéneo de diez alumnos, puedo asegurar que todos aprenderán y saldrán adelante. A partir de esa cifra, es posible que, sin apoyos externos, algunos de ellos se queden por el camino. Teniendo en cuenta que he llegado a tener cuarenta alumnos hacinados en un aula que fue construida para veinticinco, se entiende que a veces albergue serias dudas sobre si esta puede seguir siendo la profesión con la que yo soñaba.

Mi deseo no era reproducir el sistema, ni dar clase solo para los que iban a aprender de cualquier manera, ni clasificar a los alumnos en aprobados y suspensos. Yo quería que todos pudiesen desarrollar sus capacidades, que se adueñaran de sus propias vidas y que formaran parte de la sociedad en la que me gustaría haber nacido. Sentir como diariamente se frustran mi expectativas hace que piense en tirar la toalla. 

Pero eso sería dar la razón a quienes piensan como la inspectora. 
Y no es algo que me pueda permitir.

2 comentarios:

Merimeri dijo...

Me alegro que pudieras disfrutar de tu trabajo durante esos días y es una pena que las clases no sean menos numerosas. Me acuerdo cuando iba al cole que en 1º de Bachiller tenía alguna asignatura que eramos 43 personas... y había mucha diferencia cuando tocaba una clase de optativa que a lo mejor eramos 20 pero el ambiente era mas relajado, se resolvían las cosas en común y se aprendía mucho mas que las clases multitudinarias. Creo que es de lógica!

Amapola dijo...

Me encanta lo que contás de tu trabajo y cómo lo contás. Viste como de algo muy malo a veces sale algo muy bueno?
Abrazo fuerte!

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