miércoles, 7 de enero de 2015

Reunión familiar



En mi familia hace más de veinte años que no nace ningún niño. Y los "mayores" tienen muchas ganas. Cada vez que nos juntamos (algo que ocurre con la misma frecuencia con que se alinean dos planetas), bombardean a mis primos con preguntas insidiosas. A quienes están en la treintena, para que no se les vaya a pasar el arroz. A los que todavía estrenan los veinte, para que procuren darles una alegría antes que sus primos mayores.

Hay preguntas para todos, menos para mí. Y eso que soy la prima mayor, a la que el arroz se le pasará antes, la única que tiene trabajo estable, casa en propiedad, pareja desde hace diez años. No es que yo piense que todo eso es necesario para tener hijos, ni mucho menos; pero sé que ellos sí.

Claro que yo soy lesbiana.

Estas situaciones me dejan atónita. Siento como si se repartieran gominolas y a la niña que las pide más alto y más claro no se las dieran. La prima que me sigue en edad, quien ha dejado bien claro que no le gustan los niños ajenos ni desea tenerlos propios, que atesora trabajos precarios y colecciona novios cadáver, además de vivir con su madre, tiene que aguantar las mayores dosis de bombardeos. Mientras tanto, yo recorro con la mirada toda la mesa, como un perrito mudo y triste, calibrando el alcance de mi clamorosa invisibilidad.

¿Por qué no me preguntan siquiera?

La última vez, sin embargo, ha sido distinta. Una de mis tías se ha liado la manta a la cabeza y, provocando un silencio ensordecedor en una reunión particularmente bulliciosa, se ha dirigido a mí para preguntarme:

– Y a ti, Remedios, ¿te gustan los niños?

No era tan difícil, ¿verdad? Aun así, yo me he sentido presa de una profunda emoción, como una niña harapienta ataviada con una tiara resplandeciente. 

Y he respondido que sí. Que mucho.


Varias voces se han atropellado, tratando de aportar soluciones originales a la falta de natalidad familiar:

– ¡Pues adoptad un niño!
– ¡Claro!
– ¡Un chinito!
– ¡Un negrito!
– ¡Yo te lo cuido!

Habría sido un buen momento para hacer algo de pedagogía, y recordar que las parejas homosexuales no podemos optar más que a la adopción nacional, casi siempre dentro de la categoría "especial"; y explicar también que las mujeres lesbianas, mientras no se demuestre lo contrario, somo tan (in)fértiles como el resto, por lo que la reproducción asistida suele ser la opción más viable y, paradójicamente, económica, incluso estando excluidas de la sanidad pública.

Pero no tenía fuerzas. No me apetecía ahondar en el tema. Quería disfrutar, sencillamente, de que por fin se me hubiera incluido en el grupo de las "madres posibles". Así que zanjé la conversación invocando una de las palabras que más odio en este mundo:

– Paciencia.

Y sonreí, y aguanté un poco más el chaparrón, mientras hacía hueco a un nuevo nudo en la garganta. Me gustó saber que nuestro hijo sería bien acogido en mi familia, pero también me dolió infinitamente recordar que, si todo hubiera sido de otra manera, tal vez habría utilizado esta reunión para dar la gran noticia. Me tocó, sin embargo, reprimir las lágrimas, y sentir todavía más rabia por la pérdida, por la espera, por el camino largo e incierto.

Cada día somos más los que te imaginamos.

7 comentarios:

Ize dijo...

Te sigo desde hace poquito pero me gusta mucho la forma en la que escribes, así que me he leído casi todas las entradas :)
Me he animado esta vez a dejarte un comentario para desearte muchísima suerte este año y para decirte que entiendo la sensación con tu familia.
Yo, antes de mi pareja actual (mujer), estuve con un hombre y TODOS los miembros de mi familia estaban deseandito que tuviera hijos, pese a que yo no lo tenía claro y preguntaban en cada visita.
Ahora que he conocido al amor de mi vida y sí me gustaría ser madre en unos añitos, NADIE excepto mi hermana, se plantea siquiera que pueda querer tener hijos. De hecho, el otro día mi madre me dijo expresamente que ni se me ocurriera, y eso que adora a mi novia.
Pero la traca final vino cuando sugirió que, de tenerlos, utilizara a mi ex como donante ¿? que era muy guapo.
En fin, mira que yo quiero a los míos, pero cada día entiendo más el dicho de "¿pasas la navidad feliz o en familia?
Un abrazo :)

Remedios Morales dijo...

¡Hola Ize! Gracias por tu comentario :D

La verdad es que la familia puede tener reacciones muy raras cuando se enfrentan a una situación que no conoce, como es el caso de una pareja de mujeres.

Con el tiempo, la mayoría cambian; en cualquier caso, nosotras tenemos que seguir haciendo nuestra vida y tomando nuestras decisiones, porque es nuestra felicidad lo que están en juego.

¡Un abrazo!

A traves de la luna dijo...

Quedate con lo bueno de esa velada, para que te pinte una sonrisa y e ayude a levantarte y tomar fuerzas: mira que de canguros te han salido! ;)

Animo, y millones de besos

Remedios Morales dijo...

¡Desde luego! ¡Parece que canguros no me faltan! :P

Eva María Bernal dijo...

Hola, Remedios:
Si es que todavía lo de los nuevos modelos de familia... como que no nos tienen muy claros... a mí , como madre sin pareja me han llegado a decir... bueno, como tú y ahas renunciado al amor...
Einnnnnnnnn???? en fin....mucha fuerza para tu camino...
Ah, y mil gracias por incluirme en tu blogroll! :)

Remedios Morales dijo...

La verdad es que, si no procurásemos tomarnos estas cosas con un poco de perspectiva y humor, acabarían por sacarnos de quicio (y hay días que lo consiguen, evidentemente).

A mí consuela pensar que, desde nuestra humilde experiencia, estamos contribuyendo a cambiar el mundo para mejor :)

¡Gracias a ti por pasarte por mi blog!

Promediando el círculo dijo...

Empecé a leer esta entrada con carcajadas ahogadas por tu descripción genial de la situación y la terminé con lágrimas en los ojos por lo mismo. Abrazo fuerte y tiernamente a esa nena que por fin le dieron la gominola, lo demás con el tiempo se va a ir resolviendo y todos se irán adaptando ♥

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