viernes, 26 de diciembre de 2014

Dieta vegetariana y embarazo



Me sorprende leer cómo algunas chicas que escriben blogs sobre la búsqueda de un embarazo han decidido adoptar una dieta vegetariana para favorecer el proceso. Y digo que me sorprende porque yo, vegetariana desde hace más de cinco años, nunca pensé en lograr un embarazo gracias a la dieta vegetariana, sino a pesar de ella.

Por si acaso me había perdido algo en los últimos tiempos, he estado haciendo algunas búsquedas sobre el tema, sin encontrar nada concluyente. ¿Ser vegetariana favorece la fertilidad? ¿Es esa la razón de que hayáis decidido probar con esta dieta? Si es así, me encantaría que me recomendaseis alguna lectura, porque yo no tengo ninguna referencia.

En cualquier caso, me gustaría compartir la información que yo manejo sobre el tema, para que tampoco nos llamemos a engaño.

 
En primer lugar, la dieta vegetariana no es ni la más natural ni la originaria de nuestra especie. Es una dieta cultural más, como el resto, que obedece a diferentes condiciones éticas y materiales. Su beneficio más inmediato es el de evitar el sufrimiento y la muerte de los animales; sin embargo, desde el punto de vista estrictamente nutricional, tiene pros y contras. 

Es verdad que una dieta vegetariana bien planificada puede aportar ciertos beneficios específicos de cara a un embarazo. Generalmente, se consume más ácido fólico que en el caso de una dieta omnívora, se suele evitar casi completamente la preeclampsia e incluso es posible mantener la placenta joven por más tiempo, seguramente gracias a la menor presencia de sustancias oxidantes en el organismo. 

Pero la dieta vegetariana también requiere ciertos cuidados ajenos a una dieta omnívora, se busque o no un embarazo. Por mencionar uno de los más polémicos, suele ser necesario tomar suplementos de las vitaminas B12 y D, así como de ácidos grasos omega-3 de cadena larga (DHA/EPA). La razón para suplementar la dieta no tiene nada que ver con sus presuntas deficiencias, como a muchos les gustaría creer, sino con nuestro estilo de vida y con la manera en que producimos y consumimos los alimentos, algo que sería bastante pesado de explicar aquí.

Este análisis, no obstante, es muy somero. Si algo he aprendido investigando sobre vegetarianismo, es que la nutrición está más cerca de ser un arte que una ciencia. Es imposible planificar una dieta perfecta, sea del tipo que sea, y ni siquiera es recomendable, porque la alimentación también es una forma de placer, una manera de relacionarse, una cultura que no entiende de cantidades diarias recomendadas.

Por eso, aconsejaría a cualquier persona que quisiera iniciar esta dieta que aprendiera todo lo que pudiese sobre el tema, que se preparara a cocinar muchísimo, que tuviera paciencia con sus propias apetencias y con las de los demás, y que se diese tiempo.

Este último aspecto, tan delicado cuando estamos buscando un embarazo, es el que más me hace dudar acerca de si es el momento idóneo para dar este paso. Si una mujer está convencida de que la dieta vegetariana facilitará su camino, adelante; pero yo trataría de ser consciente de que con ello añadimos un peso más a una mochila seguramente ya sobrecargada, y que tal vez multipliquemos de este modo los momentos en que desearíamos dejarla tirada en la cuneta.

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