martes, 28 de octubre de 2014

La clase de hoy



Este año tengo un grupo de alumnos bastante especial, que va con retraso en mi asignatura o la lleva suspensa de otros cursos. Verdaderamente tienen muchas dificultades: incluso cuando ponen su mayor empeño, no llegan a comprender muchas cosas, y para mí supone un reto enseñarles.

No es la primera vez que tengo un grupo así, pero, por alguna razón, este año he podido hacerme con ellos. Normalmente, junto a las dificultades de aprendizaje aparecen problemas de comportamiento, muchas veces como defensa ante el fracaso, que no son fáciles de solucionar. Pero estos alumnos me respetan, diría que incluso me quieren, y tienen muchas ganas de demostrarme de lo que son capaces.

Así que el otro día, como premio a su esfuerzo, tuvimos una clase de lectura libre. Les llevé unos cuantos libros de la biblioteca para que, simplemente, leyeran. No tenían que hacer un resumen, ni rellenar un cuestionario, ni pasar un examen. Al principio estaban un poco recelosos, no entendían muy bien la idea de "solo leer", cada uno a su ritmo, en silencio, sin que nadie les corrigiera los errores de pronunciación o les hiciera preguntas insidiosas para comprobar que había partes que no habían entendido. Pero, después, la lectura obró su magia y la mayoría se engancharon a las letras hasta que sonó el timbre que señala el fin de la clase (alguno incluso más allá).

Yo también me llevé un libro para leer. Cuando alguno alzaba la vista, me descubría concentrada (aunque con el rabillo del ojo estuviera supervisando lo que hacían), y regresaba a su hoja para seguir leyendo. Estoy segura de que algunos batieron su récord de tiempo sumergidos en un libro.



Algunos de mis compañeros trabajan sistemáticamente la lectura en alto. Leen novelas enteras en clase con el método de "Sigue, Fulanito", "Ahora tú, Menganita". A mí me pone enferma, no lo soporto. Tal vez no sepa hacerlo adecuadamente (¿acaso tiene algún misterio?), pero me parece que los alumnos que leen bien se aburren, los que leen mal se avergüenzan y todos están más pendientes de si les toca el turno que de comprender o disfrutar de la historia. Además, la lectura requiere un ritmo individual: a veces hay que pararse en la ensoñación de un paisaje; otras, necesitas coger aliento, reírte a carcajadas, llorar.

La única manera de leer en alto que me convence es cuando uno lee y los otros escuchan. Por eso les pido a mis alumnos que lean las historias que inventan a sus compañeros, y yo también les leo relatos y poemas. Incluso, a veces, se los cuento de memoria, algo que antes no sabía hacer, pero que cada vez se me da mejor. El silencio que recorre el aula me demuestra que la actividad funciona, y por sus preguntas sé que han comprendido todo lo que tenían que entender.

Este tipo de ejercicios no le gusta nada a la Administración, porque no puede traducirse en números, en estadísticas, en objetivos mensurables. Como les digo muchas veces a mis alumnos, yo no sé si me estaban escuchando hablarles de Sherezade o estaban pensando en lo que tendrían para comer. Mi trabajo, sin embargo, no consiste en controlar lo que pasa en sus cerebros, sino en abrir el espacio para que lo realmente valioso pueda ocurrir. Y ocurre, siempre acaba ocurriendo, porque la belleza y el saber que los seres humanos hemos atesorado durante milenios tienen la suficiente valía en sí mismos como para perdurar, sin necesidad de ejercer un continuo control numérico, ni mucho menos la tan cuestionable coacción.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

Hola!!!! Una pregunta, ¿cómo se lleva esto de ser lesbiana? Tengo una compañera de trabajo que lo es y la verdad que las está pasando canutas para aceptarse y para encontrar pareja, dice que solo encuentra "marimachos". ¿Cómo encontraste tu a tu mujer?¿ Se cumple lo típico que una es más femenina y la otra màs machote?
Mil gracias y mucha suerte!

Remedios Morales dijo...

Jajaja... ¡Qué pregunta tan difícil me haces!

Cada mujer lleva de una manera su orientación sexual, depende de muchos factores: cuándo supiste que te gustaban las mujeres, si lo has compartido con tu entorno y cómo ha reaccionado, tus valores...

De todas formas, si tu compañera tiene problemas consigo misma, mi consejo es que acuda a un terapeuta especializado (especializado, ¿eh?, no cualquiera) que le ayude a comprenderse mejor.

Y sobre las parejas... ¡bueno! Afortunadamente hay mujeres para todos los gustos, ya encontrará quien la enamore. No obstante, rechazar a las mujeres masculinas suele ser una manifestación de homofobia interiorizada. Quizá cuando se empiece a aceptar, comience a ver a las demás de otra manera.

Merimeri Elpesodelainfertilidad dijo...

Estoy muy de acuerdo contigo que el leer en voz alta , mandando a uno leer y luego a otro... yo que no leía bien de pequeña me moría de la verguenza y pasaba muy mal trago, por supuesto que no prestaba atencion a lo que leía, solo en intentar hacerlo bien.
Tu metodo en cambio me parece muy bueno.
Un besito

Remedios Morales dijo...

A lo mejor parece una tontería, pero me quedo más tranquila sabiendo que, lo que intuyo, probablemente pueda ser verdad... Seguro que tu experiencia es similar a la muchos de mis alumnos.

A mí me pasaba todo lo contrario, me encantaba leer, no tenía problemas para la lectura en voz alta... Y tampoco me gustaba el método. Me aburría, perdía el hilo, solo atendía a si me tocaba o no, con el estómago en un puño por si me caía alguna bronca... ¡Tristísimo!

La lectura es otra cosa, claro. Fundamentalmente, una fuente de placer :P

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