domingo, 27 de abril de 2014

Orgullo de educadora



Hace unos días rellené un cuestionario para avaaz.org, una organización con la que colaboro asiduamente a través de sus campañas de recogida de firmas. En el cuestionario hacían muchas preguntas para conocer mejor a la comunidad de personas que colaboramos con ellos y nuestras opiniones sobre diversos aspectos. Al final, podías acceder a los resultados, y cuál fue mi sorpresa cuando descubrí que la profesión que más abundaba entre quienes habíamos rellenado la encuesta era la mía.

La paradoja es triste. Mientras que la sociedad califica a los educadores como vagos, tiranos, clasistas, ineptos; este tipo de datos, que son objetivos, muestran que muchos de nosotros somos personas solidarias, comprometidas, luchadoras, activas. Verlo reconocido, aunque sea a una escala tan pequeña, supone un aliciente nada desdeñable para continuar con nuestra labor. Y es que resulta muy difícil seguir convenciéndose a una misma de que este trabajo es verdaderamente valioso, cuando el desprecio de la sociedad, de la Administración, de los políticos... se mantiene constante. 
  
Hace poco me ocurrió algo parecido. Me llamaron de Amnistía Internacional, ONG de la que soy socia, para completar algunos de mis datos personales. Cuando le expliqué cuál era mi profesión, la chica que estaba al otro lado del teléfono pareció ponerse nerviosa. Enseguida empezó a decirme lo fundamental que era para ellos poder contar con el apoyo de los profesores, y me indicó todos los recursos que podía utilizar con mis alumnos para trabajar los Derecho Humanos. Cuando colgamos, me sentía importante. De pronto, parecía que mi labor le interesaba a alguien, que estaba ejerciendo una profesión que no solo se caracterizaba por el exceso de vacaciones.

No es que los docentes necesitemos que nos recuerden constantemente nuestra valía, pero una palmadita en la espalda de vez en cuando parece desplegar un efecto vivificante en nuestra moral, permitiéndonos recordar que hay muchos motivos para sentir el orgullo de ser educadores.

miércoles, 23 de abril de 2014

Mi diario de maternidad


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Hace meses que escribo un diario de maternidad. Empecé apuntando las fechas importantes, cuándo nos habíamos hecho cada prueba y cómo había ido, pequeñas anécdotas... También le pegué algunas fotos de revistas que me resultan evocadoras. Y últimamente he añadido unas cuantas reflexiones y sentimientos. 

Para mí, escribir un diario es algo bastante natural. Comencé mi primer diario con catorce años, y no dejé de escribir en él casi cada día hasta los dieciocho, así que guardo un registro minucioso de la mayor parte de mi adolescencia. Después, he tenido temporadas de volver a escribir incluso varias veces al día, y otras de no poner una palabra durante meses. Con el tiempo, mis diarios se han ido haciendo menos anecdóticos y han pasado a tener un carácter más reflexivo, aunque siempre han cumplido una función fundamental en mi vida: la de desahogo.

Este diario, sin embargo, es diferente.

lunes, 21 de abril de 2014

Gracias y hasta siempre



Gracias por todo, Gabriel García Márquez (me gusta tu nombre completo, con sus dos apellidos).

Gracias por regalarme las lecturas más conmovedoras de mi vida (El ahogado más hermoso del mundo, Alguien desordena estas rosas).

Gracias por llenar mis clases de anécdotas, de citas, de pequeñas rebeliones ortográficas que compartir con mis alumnos.

Gracias por mostrarme el camino hacia mi propia inspiración, por enseñarme un estilo, por sugerirme una manera de concebir la Literatura, la realidad, por ayudarme a encontrar mi propia voz, mis ojos, mis palabras.

Gracias por dejarme prestado medio título para este blog.

Y por estas lágrimas de emoción, de admiración, de respeto, que escapan gozosas de mis pupilas y aspiran a forman un río caudaloso, salvaje, vigoroso... que irrigue por siempre el recuerdo vivo de Macondo.

Gracias y hasta siempre.

sábado, 12 de abril de 2014

Nuestro donante ideal (I)



Afortunadamente, Alma y yo estamos muy de acuerdo en todo lo que tiene que ver con uno de los temas más peliagudos de la maternidad biológica lesbiana: el donante. Por desgracia, las opciones que preferimos no son posibles ahora mismo en España.

Para nosotras, el donante ideal sería una persona de confianza, que quisiera colaborar en la creación de nuestra familia e implicarse con nuestro hijo en la medida en que ambos lo eligieran. Es decir, teniendo un contacto continuado con él, como cualquier otro familiar o amigo cercano, que se iría estrechando o no en la medida en que ambos tuvieran feeling y desearan pasar más o menos tiempo juntos. 

Lo cierto es que no tenemos ningún amigo o familiar que quisiera ser nuestro donante, ni tampoco con quien nosotras quisiéramos compartir este proyecto. Cuando lo hemos hablado con algún chico de nuestro entorno, hemos terminado concluyendo, por un lado o por otro, que no era algo que deseáramos hacer juntos. A pesar de ello, la posibilidad de conocer otro candidatos fuera de nuestro círculo también existe, como descubrimos haciendo algunas búsquedas en Internet, y nada impediría que alguno de ellos se convirtiera en esa persona de confianza para nosotras.

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